jueves, 18 de julio de 2013


Nace “Malasombra; Sesión Interactiva de Cortos de Terror” en Madrid

Madrid, 12 de Julio de 2013.- De la mente de la compañía Factoría de Terror y contando con la colaboración de la productora La Mansión del Terror S.C., nace “Malasombra; Sesión Interactiva de Cortos de Terror”, un evento que podrá disfrutarse en la sala independiente madrileña Artistic Metropol una vez por mes.

Se trata de una sesión interactiva donde los espectadores serán aterrorizados, durante las proyecciones de los cortos seleccionados, de las maneras más variopintas por un grupo de actores especializados. Creando así una atmósfera única que aumentará el terror y la tensión en la sala. Así el espectador podrá ver varios cortometrajes de una forma única y totalmente interactiva y dinámica gracias a las performances creadas por Factoría de Terror para cada sesión.
Todas las sesiones contarán con la presencia del Payaso Malasombra, maestro de ceremonias del evento, el cual, además de presentar cada cortometraje y entregar los premios de cada sesión, aterrorizará con su humor negro a la sala.

Los trabajos serán seleccionados por los responsables del evento, y estos no serán exclusivamente estrenos o producciones del último año. Los trabajos que podrán disfrutarse en cada sesión serán cortometrajes producidos desde el año 2.010 hasta la fecha. Teniendo la organización toda la libertad creativa en crear un espectáculo terrorífico acerca de cada trabajo a proyectar. Personalizando así cada cortometraje proyectado en las distintas sesiones.

La duración de cada sesión será de una hora y media, aproximadamente. 
Por otra parte el público es una pieza angular de este nuevo proyecto. Ya que ellos mismos serán los responsables de escoger el ganador de cada sesión por votación popular. Sin trampas ni cartón. Siendo el ganador premiado con una figura conmemorativa y 30 DVDs de su obra para poder distribuirla como estime oportuno.

Los trabajos preseleccionados serán anunciados a principios de cada mes en la web oficial, y medios colaboradores, y la sesión tendrá lugar a mediados del propio mes. Dando fechas definitivas una vez se anuncien los cortometrajes seleccionados.

Más información;
Web Oficial- http://www.sesionmalasombra.com/
Facebook Oficial- www.facebook.com/sesionmalasombra
Twitter Oficial- twitter.com/_Malasombra_
info@sesionmalasombra.com

miércoles, 17 de julio de 2013

¡¡¡Conejitooooo!!!, Ana Arranz


La plaga se había extendido por todo el país. Demasiados ensayos genéticos habían llevado a muchos seres vivos a la mutación. Las zanahorias ya habían atacado a varios niños pequeños. Habían adquirido conciencia de lo que eran y de lo que les habían hecho y ahora clamaban venganza.
El pobre conejito no intuía lo que le acechaba. Ese dulce, tierno y, ¿por qué no decirlo?, mmmm…. sabroso conejito no sabía que ella se encontraba a su espalda. Se acercó sin hacer ruido deslizándose, arrastrándose, acortando la distancia con el animalito. Suave, pequeño… delicioso. La hortaliza casi se relamía anticipando el sabor del pequeño mamífero. Sus raíces rozaron el suelo provocando un murmullo. El pequeño levantó sus orejitas. La planta susurro:
- ¡¡¡Conejjjjiiiiitooooooo….!!!
Este la miró con sus ojillos, movió la naricita… y devoró a la zanahoria mutante.
Recuerda, nunca subestimes a un conejito zombi.
Ad Noctum, selección de micro relatos de terror. Paloma Aragón Fidalgo.

Nota de la autora
Hace ya tiempo que quería llevar a cabo este proyecto: escribir los microrrelatos más terroríficos que pasaban por mi mente.
Espero que disfrutéis con mis pequeñas aportaciones al mundo de la literatura española y, lo más importante, que verdaderamente sintáis lo que yo sentí mientras los escribía.
Paloma Aragón.


LA FIGURA
"Cuando tomé la fotografía, ahí no había nadie".

 
EN LA CAMA
No sé cómo hacerle callar. Todas las noches el mismo numerito.
Parece que ni los crucifijos ni el agua bendita le hacen efecto; 
así que tiene prohibido salir de su cuarto.

HAMBRE II
Me perseguía calle abajo.
Tenía una pinta terrorífica con aquel abrigo que le cubría parte 
del rostro y que sólo dejaba entrever una siniestra mirada.
Yo aceleraba el paso y él me imitaba. Serpenteaba por 
estrechas calles que conocía bien, pero no conseguía despistarle.
Cada vez que miraba hacia atrás, veía cómo sus ojos estaban 
clavados en mi bolso: no parecía cambiar de opinión, así que
seguí andando un rato hasta llegar a un callejón sin salida y por fin le acorralé.
Qué fácil me lo puso. Por cierto, su sangre estaba deliciosa.

LA ABUELA
Mamá siempre nos dice que tenemos que cuidar de la abuela. Sólo hay una cosa que deteste más que cambiarle la ropa, y es dormir con ella. Empieza a oler mal y cada vez hay más gusanos.

HAMBRE III
Y en el bosque frondoso, tras varias horas, el ogro seguía engullendo bebés.

HOSPITAL
- Enfermera 216, por favor.
- ¿Sí, Dr. 849?
- Cancele la cita de las once. La reunión con el Dr. 605 y la Dra. 912 se ha adelantado.
- Está bien, pero le aseguro que el paciente protestará.
- Entreténgalo con ayuda de la enfermera 107, que tiene la mañana libre. Tardaré lo menos posible.
- No se preocupe, mañana tiene el día completo: podrá alcanzar mayores cifras durante la semana.
- Muy bien. Siga así y ascenderá enseguida. Recuerde que a partir de las 300 víctimas, el resto es pan comido.

CONDENADOS
Hace ya varios meses que compré la casa. Desde entonces, ella 
no me ha dejado tranquilo. Que si apaga la tele cada vez que
me siento a verla, corta el agua caliente cuando me ducho... 
incluso una vez me llenó la cama de cucarachas para que me 
quedase despierto toda la noche.
Pero hace tres días que no sé nada de ella y la verdad es que me 
siento bastante solo. Si sigue sin aparecer, no me quedará más 
remedio que suicidarme para reunirme con ella y así poder 
perseguirnos durante toda la eternidad.

ASCENSOR
- ¿A qué piso va?
- Voy al quinto, gracias.
- Bueno, tenga cuidado, parece que apenas tenemos hueco.
- Perdone, pero vamos solos.
- Ya… eso es lo que tú crees.

LA MUÑECA
Cuando era pequeña siempre jugaba conmigo y ahora la muy 
desgraciada me tiene aquí, muerta de risa en la estantería. 
Encima dice que soy un “recuerdo”… un cutre y banal recuerdo. 
Pero esto no acabará así. Voy a vengarme. Cuando su madre 
pase la mopa por el cuarto, alzaré la voz por primera vez en 
muchos años para contarle las insensateces que comete su 
querida hijita cuando ella no está en casa.

MALDITA
Y a lo lejos, la niña seguía canturreando una y otra vez 
mientras sonreía y me señalaba, siempre de la mano de su osito 
de peluche:
“ Vamos a por ti… vamos a por ti…”

TOC, TOC.
Toc, toc. Suena la pared.

INSOMNIO
La mano, de piel caída y uñas largas, asomaba bajo la cama.
Siempre responde al inquietante crujido de los muebles. 
Parece que ella tampoco puede dormir.

DECISIONES
- Me diagnosticaron tres meses de vida. ¿Qué podía hacer 
más que disfrutar de la compañía de mi mujer y mis hijos?
- Pues tronco, espero que te cundiera. Has acabado calavera 
como todos los demás.
- Pasé unos días maravillosos, aunque poco esperanzadores.
- Normal.
- Entonces fue cuando se me ocurrió... ¡No me imaginaba 
que Margaret se fuese a enfadar tanto!
- Tío, pensaste en lo mejor para la familia. Pasa de ellos, 
yo te apoyo.
- En fin... al menos podrían haberme agradecido que utilizase 
la pistola, ¿sabes? También había un hacha en casa.

ESPEJO
Al final del pasillo puedo ver cómo me mira. 
Con el pelo alborotado, una infinita barba, 
desnudo y de aspecto escuálido. 
Sus ojos son amarillentos y veo plasmado en ellos, 
un desierto de desesperación. 
Sólo es mi reflejo.

LA CARNICERÍA
Los cien kilazos de “La vaca” han servido para salvar el mes de 
Mayo de mi negocio.
Tendré que hacer lo mismo con el pinche que contraté… 
es una pena, porque es bastante inteligente: 
en un par de días se percató de que descuarticé 
a la gorda de mi mujer.

UN MAL DÍA
La chica lloraba desconsolada al borde del precipicio. 
El conductor de un coche gris y desgastado decidió parar a su lado 
al verla.
- ¿Qué te pasa, joven?
- Mis padres han muerto. No tengo nada más que hacer en 
este mundo. Nuestro coche acaba de despeñarse por aquí y 
sólo yo he conseguido saltar.
El hombre miró a uno y otro lado, asegurándose de que nadie 
les viera mientras se bajaba los pantalones.
- Vaya... parece que hoy no es tu día.












lunes, 15 de julio de 2013

Pequeños accidentes, D.w. Nichols


  La primera vez fue sin querer, lo juro. Fue con una viejecita del barrio, muy amable y simpática, en las escaleras del parque, las que bordean el estanque. Yo venía de trabajar y era muy tarde, sobre las diez de la noche; ella estaba en lo alto de la escalera, preparándose para bajar, decidiendo qué pie usaba primero; yo venía corriendo porque era viernes, había quedado con un tío guapísimo y sólo tenía una hora para prepararme. No vi ni la piedra ni a la vieja hasta que fue demasiado tarde. Tropecé con la piedra, trastabillé, adelanté las manos para agarrarme a algo y éstas tropezaron con la vieja, que cayó rodando por las escaleras sin hacer casi ruido.

  Ahí me di cuenta de lo fácil que puede llegar a ser matar.

  Me largué de allí echando leches, me fui a mi casa, me fumé un porro -para tranquilizarme- y tuve mi cita -un éxito, por cierto; cachas y complaciente...

  Cuando pasaron los días y nadie vino a por mí, me sentí terriblemente aliviada y cuando oí en el mercado que habían declarado el incidente como un desagradable accidente, casi empiezo a dar saltos de alegría.

   Lo curioso del caso, para mí, fue que no tuve ni el mas mínimo remordimiento y que seguí durmiendo cada noche como un lirón.

  Durante un tiempo pensé que todo había vuelto a la normalidad y que mi vida seguiría igual que antes, pero me equivoqué. La muerte de la vieja había despertado una bestia que anidaba en mi interior y pronto empezó a reclamar más.

  Mi segunda muerte accidental fue seis meses después. Estaba en la estación de metro que hay al lado de mi casa; ocho de la mañana, el andén a rebosar... Delante de mí vi a uno de mis vecinos, un gilipollas que no paraba de quejarse de mi perro; estaba dos personas por delante y te juro que apenas fui consciente cuando mi brazo se estiró y mi mano lo empujó a la vía justo en el momento en que pasaba el tren. Me fui de allí aprovechando la histeria colectiva sin ver el resultado de mi acto; después supe, por las noticias, que había quedado hecho papilla y que las sospechas de la policía apuntaban a un suicidio. Nadie me había visto empujarle, ni siquiera las cámaras de seguridad que yo no sabía que había. Una suerte, ¿no?

  Esas fueron mis dos primeras víctimas. Han pasado muchos años desde entonces, y te aseguro que con cada muerte que hubo después, mi arte se ha ido refinando hasta convertirme en una verdadera maestra, en un genio. Veintisiete muertes son las que tengo en mi haber, todas declaradas como "accidente". ¿No es una maravilla?

domingo, 14 de julio de 2013

Fernández Zombtanero, Javier Sermanz

  Ramiro Fernández era un mal nacido con todas las letras; y además un desgraciado. La mala suerte le perseguía desde el momento de su nacimiento. Ya en el parto la cosa se complicó, la criatura era más bien cabezona, como su abuela, y se negaba a salir. Podría decirse que lo parieron a sartenazos. Y para acabar de rematarlo, el medico le dio la palmada demasiado fuerte y lo dejó muerto en ese instante. 

  A pesar de ello sus padres se lo quisieron llevar a su casa y al cabo de unos días descubrieron que no estaba muerto del todo. El niño no comía, estaba algo frío y hacía muy mala cara, pero pensaron que ya se le pasaría, serían cosas de bebés; sus padres, que eran primerizos, habían escuchado a otros padres decir que algunos bebés lo pasaban muy mal los primeros meses de vida. 

  Lo que ocurría era que habían tenido un hijo zombi y no se habían enterado. Bueno, era una desgracia, pero así había venido, era designio del señor; Él lo había querido de esa manera y peor hubiera sido que hubiera estado completamente muerto. Por lo menos era un muerto viviente y podían tenerlo a su lado.

  Y así fue pasando el tiempo y le fueron cogiendo cariño pese a que hablaba poco y se mostraba muy agresivo con los niños de la guardería. “¡Hay que ver este niño la manía que tiene de morder a sus compañeros!” se decían las maestras, extrañadas ante el raro comportamiento de Ramiro, sin entender lo que ocurría. No era nada habitual tener un alumno zombi en clase.

  Cuando se hizo mayor quiso llevar una vida normal y tener un trabajo como todo el mundo, pero no daba pie con bola. Una vez trabajó de extra en una película de zombis pero lo echaron a la calle porque en un arrebato se comió de verdad a los actores y se organizó un gran lío. ¡A ver quién los sustituía ahora!

  Después quiso independizarse, formar su propio negocio. Montó una oficina para resolver y reparar todos problemas con los zombis y zombificados, cualquier cosa relacionada con los muertos vivientes, vamos, como una especie de fontanero de zombis. Él era todo un experto en la materia.

  Para su primer caso recibió el encargo de una madre cuyo hijo se había vuelto zombi por culpa de un programa de la MTV.

  FernándeZ se presentó en el domicilio del cliente.

  -Veamos cuál es el problema- le dijo-, ¿dice que su hijo se ha vuelto zombi por un programa de televisión?

  -Sí, el de Geordie Shore. No se aparta del televisor en todo el día, parece muerto.

  La mujer lo acompañó al salón donde su hijo miraba atentamente la pantalla de plasma, completamente abstraído en lo que veía.

  -Pues yo no veo nada anormal- repuso FernándeZ-, parece un chico corriente viendo la tele; muy atento, eso sí.

  -Espere que le muestre- le dijo la madre, caminando hacia el sofá.

  Cogió el mando a distancia y apagó la televisión.

  Entonces el hijo se levantó como en trance, con los brazos levantados y la mirada perdida, pero con la cara congestionada de rabia. Con pasos pesados se encaminó hacia la madre y la atacó con saña para recuperar el mando. Cuando lo tuvo en su poder volvió a encender la tele, se sentó y finalmente se calmó, volviendo a su estado letárgico.

  -¡Es verdad, es un zombi!- exclamó asombrado FernándeZ.

  -Ya se lo dije, ¿qué podemos hacer, señor Fernández?

  -El caso parece grave. ¿Desde cuándo acusa estos síntomas?

  -Ésta es la quinta temporada. Las dos primeras me extrañó que no se despegara de la pantalla; sin embargo, la cosa se agravó a partir de la cuarta. Entonces me di cuenta de que se había convertido en zombi- relató la madre, consternada.

  -Permítame realizar una prueba.

  Se acercó con precaución al chico y cambió de canal con gran riesgo para su vida. Automáticamente el chaval comenzó a gruñir, haciendo el amago de levantarse. FernándeZ puso de nuevo el programa de Geordie Shore.

  -¡Está completamente zombificado!

  -¿Pero tiene remedio, señor FernándeZ?- quiso saber la madre, preocupada por el futuro de su hijo.

  -Quizá aún lo hemos cogido a tiempo- se puso a rellenar un papel-: tome, vaya a la librería y compre este libro. Una lectura cada seis horas como tratamiento de choque y después una lectura tres veces al día durante las semanas posteriores. Si eso no resulta, tendremos que pensar en lo peor.

  Por desgracia la enfermedad estaba ya demasiado extendida y las sesiones intensivas de lectura no lograron curar al chico, quien al final tuvo que ser sacrificado por el bien de los suyos.

  También tuvo un caso en el que un cliente le pagó para que se lo comiera. Su más ardiente fantasía era ser devorado por un zombi y en cuanto se enteró de la existencia de FernándeZ se puso en contacto con él. Este tipo de clientes eran los mejores y parecía que abundaban en Internet. Se lo comió la mar de a gusto, satisfecho por realizar su trabajo, pero luego tuvo muchos problemas con la Ley. ¡La que se armó porque se lo había comido! No fue a la cárcel de milagro.

  Mientras que llegaba o no llegaba un nuevo caso, Ramiro se dedicaba a hacer algunas chapucillas por ahí de fontanero para sacarse algunas perrillas para ir tirando. Se anunciaba como Fernández Zombtanero.

  Un día sonó el teléfono:
 
  -¿Diga?

  -¿Fernández Zombtanero?- preguntó una mujer.

  -Sí, aquí es, dígame.

  -Tengo un atasco tremendo, mi cañería está obstruida y estoy desesperada, venga usted en seguida, por favor.

  Un rato después FernándeZ se hallaba en la casa de la señora. Cuando le abrió la puerta, se encontró con una cuarentona pintarrajeada, en bata y tacones, con las tetas de silicona, los labios operados y el rostro sudoroso del Votox. Tenía cara de calentorra; se lo miraba de arriba abajo con deseo.

  -¡Uy, qué mala cara hace usted!- le dijo a FernándeZ al ver el tono pálido de su cara.

  -Es que estoy muerto, señora, soy un zombi. Pero no se preocupe que no me la voy a comer; soy muy profesional, ¿sabe?

  -Ah- respiró más aliviada la mujer, que de repente se había encogido en su bata de flores.

  -¿Qué le ha ocurrido exactamente, cuénteme?- le pidió de forma muy seria, que no se dijera que era descuidado en lo suyo.

  -¡Un atasco terrible! Ya no sé qué hacer, lo he intentado todo pero no se desatasca mi cañería, le he llamado a usted para que la desatasque.

  FernándeZ fue a abrirle las piernas, apartando la bata.

  -Veamos cómo está la cosa...

  La señora le soltó un sopapo que le giró la cara y le dejó la mano grabada.

  -¿Pero qué hace?- le preguntó ofendida.

  -¿No me ha dicho que su cañería está atascada? Inspeccionaba...- arguyó FernándeZ con una gran mano hundida en su mejilla.

  -¡Ésta no, aquella, hombre!- le reprendió la mujer, señalándole el Wáter- ¡Allí!

   Se le había caído la sortija de casada al Wáter lleno de caca y tenía miedo de que al tirar la cadena el agua se la llevara.

  -Para eso le he llamado a usted, que es el profesional, haga lo que sea, desmonte el Wáter si es necesario para recuperar mi sortija. ¡Ay, qué disgusto se llevaría mi marido si la perdiera? ¡Qué pensaría, con lo celoso que es! 

  FernándeZ inspeccionó con detalle el tema. La sortija estaba bien metida y no habría manera de sacarla sin mancharse. El asunto era feo; olía mal. Se quedó por unos instantes estudiando qué hacer.

  -¿Ha probado el Método Catalán?- le preguntó a la señora.

  -No, no lo conocía, ¿cuál es?- dijo ella, intrigada.

  -Deme una moneda de dos euros- le pidió cortésmente.

  La mujer se arregló la bata y fue a por la moneda.

  -¿Usted por la sortija no se ensuciaría la mano, verdad?- le preguntó a la señora cuando se la entregó.

  -Nooo- contestó ella horrorizada.

  FernándeZ echó la moneda a la enorme caca que atascaba el Wáter.

  -¿Pero a que por una sortija y dos euros, sí?

  -¡Y tanto!-. Entonces la cogió.

  -¿Ve? ¡Asunto arreglado!

  -¡Oh, qué buen zombtanero es usted, FernándeZ!- exclamó la cliente, muy contenta por el resultado.

  Durante la operación la mujer no había parado de observar al zombtanero, extrañada por tener a un zombi en su casa. Sentía cierto morbo por saber.

  -Y dígame, ¿cómo es eso de ser zombi? ¿es bueno?- le preguntó al fin.

  -¿Es que desea convertirse en zombi?- dijo. Le había dado esa impresión por la cara que se había dejado, que la hacía parecer una muñeca de goma. Claro, es que no había dado con un buen entendido del tema como él; había mucho espabilado por ahí que hacía imitaciones baratas.
 
  -No, era por curiosidad.

  FernándeZ se encogió de hombros porque no podía suspirar.

  -Hombre...tiene sus cosas buenas. Como ya estoy muerto, pues entonces ya no tengo que morirme. Tampoco tengo que comer ni beber y eso es una despreocupación. No crea usted que eso de comerse a los vivos es fácil; ¡cómo se ponen algunos! El último que me comí por poco se me indigesta, así que tampoco es para tanto.

  La mujer escuchaba asombradísima.

  -Otra cosa buena es que me pueden acuchillar y no sangro ni me duele- sacó un cuchillo de su caja de herramientas y se lo tendió a la señora-: pruebe, pruebe, ya verá.

  La señora le hundió con miedo una vez el cuchillo, pero al ver que no reaccionaba se entusiasmó y comenzó a clavárselo como una loca, haciéndole un desastre en el vientre.

  -¡Increíble!- exclamaba de lo más excitada.

  -¿Ha visto? Lo malo de ser zombi es que no pegas ojo.

  -¿Ah, no?

  -Ni ojo. Desde que nací no he dormido ni un minuto y le confieso que estoy de los nervios, me subo por las paredes. Tengo tanta ansiedad que al final acabo merendándome a alguien. Ya quisiera yo soñar con los angelitos por una vez.

  La señora abría los ojos de la impresión.

  -¡Uf, qué malo debe ser eso! 

  El morbillo la tenía totalmente embargada. No paraba de preguntarse que tal sería un zombi en la cama.

  -Dígame otra cosa: ¿es cierto eso que dicen de que a los muertos el pito se les pone rígido?

  -Como un palo- confesó FernándeZ.

  -¿Y usted cómo lo hace? No se le nota en absoluto- le dijo tras una somera mirada a sus partes.

  -Uy, yo me la ato con una cuerda a la cintura. ¿Quiere verlo?

  -¡Oh, eso sí que es un buen desastacador!- estaba como loca.

  Al final acabaron en la cama. A mitad de faena llegó el marido.
 
  -¡María, ya estoy en casa!

  -¡Mierda, mi marido! ¡Corre, vístete!

  María, que ya tenía experiencia en estos lances, se cubrió rápidamente con la bata. FernándeZ no fue tan rápido y con la tensión del momento se olvido de atarse la cuerda de forma que la verga se le quedó fuera de los pantalones de trabajo.

  -¿Y tú quién coño eres?- se sulfuró al ver a un fontanero en medio de su habitación, con aquello todo tieso.

  -¡Es un zombie, me quería comer!- se defendió la adúltera, embarazada.

  -¿Es eso cierto?- el marido, que era todo un bruto, le pegó un formidable tortazo al pobre fernándeZ, con la mano abierta, en la mejilla sana, dejándosela a juego con la otra- ¿Así que te querías comer a mi mujer, eh, desgraciado?

  -Yo- intentó explicarse FernándeZ, protegiéndose de los bofetones que le llovían-, venía a desatascarle la cañería que estaba obstruida.

  -¡A desatascarle la cañería! ¡Ya te daré yo a ti desatascador!

  El marido furioso agarró uno de la caja de herramientas de FernándeZ y se lo metió en el trasero de un golpe. Luego le pegó un puntapié con todas sus fuerzas que lo lanzó a la calle, dando vueltas, con tan mala fortuna que la ventosa del desatascador se pegó a una baldosa del patio y allí quedó, completamente empalado.

  -Menos mal que estoy muerto...