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lunes, 2 de septiembre de 2013


Lunático, Opoxun Kuchiki Rose

Ilustración, Carlos Rodón

Vi como el vino
prohibido ardiente,
incandescente caía
por mis manos.

"Ya está hecho,
ya todo pasó
¿Sirve de algo
guardarme rencor?" 

Atónito estaba yo
Con los pies en el suelo
mirando arriba en busca
de mi mente
perdida segundos atrás. 

Mis ojos, sorprendidos
miraron a mis dedos
que obligaban a mi lengua
avanzar hacia ellos,
pasivamente,
con precisión y elegancia.

En penumbra noté,
como los cristales
que abrazaban mi piel
se unían a mí
rasgándome en pedazos.

"Qué más da, ¡Esta sensación caliente,
fría, viva, marchita, esta sensación,
muero por hacerla eterna!" 

Aquella triste noche no la olvidaré nunca
y tampoco lo haréis vosotros.

Pues me encontraréis,
tarde o temprano sonriente,
mirando hacia la luna. 

Ella tiene la culpa de todo.

viernes, 30 de agosto de 2013


Poema Z,ocurrió en la ciudaz. Carlos Lapeña- Juapi.
Ilustración, Juapi


No surgieron del mar ni de los bosques,
ocurrió en la ciudad a plena luz,
lejos de los modelos literarios
que proponen la noche y la tormenta
para hacer realidad las pesadillas.
En la ciudad surgieron, en las casas,
y tomaron las calles sin remedio.
La podredumbre y el hedor no eran
al principio evidentes, pero luego,
con el calor del sol y del asfalto,
fueron inevitables y tangibles
hemorragias y llagas, flacidez
de músculos y órganos, de cuerpos.
Carne podrida dentro de los trajes,
dentro de los vestidos, los zapatos.
Y como obedeciendo a un viejo instinto,
la carne se lanzó contra la carne,
a dentellada limpia (es un decir),
a mordisco, a zarpazo, entre gruñidos
y gritos y chasquidos animales.
Dio igual hombres, mujeres, niños, viejos...,
cuerpos se abalanzaban contra cuerpos
con hambre irracional y sed absurda.
En poco tiempo el caos fue el nuevo orden
y las extremidades mutiladas
la forma habitual de anatomía.
Y no se veía el fin, no había reposo,
los miembros y los órganos seguían
moviéndose y buscando su alimento...
Y todo era alimento y todo boca.

Y así ocurrió el final apocalíptico.
La muerte en su versión más nauseabunda,
la muerte que no llega y que no alivia,
regodeo mortal en la tardanza
carnívora y caníbal y aberrante.

Las causas no se hallaron en un virus,
ni en un raro incidente radiactivo;
fue algo más sencillo y más terrible,
el miedo aderezado con la envidia
de un vecino cualquiera, de un extraño,
en la ciudad en crisis y culpable.

Mas nadie pudo ya dar fe de aquello...
Perdón, sí que hubo un único testigo.

En lo alto de la torre el viejo ángel,
los ojos amarillos y las alas
negras, como las uñas y los dientes,
admira complacido su gran obra.

 


sábado, 25 de mayo de 2013

Ilustración de Angye


 En el Silencio de la Noche, por Angye
 
                                                               En el silencio de la noche…
recorriendo mis adentros,
caminos inexplorados, oscuros senderos,
hilos de sangre trenzados,
llenando de vida mi mente, mi cuerpo,
de muerte mi corazón tejiendo,
al compás de mis lamentos.

Heridas tatuadas en mis venas,
sangre negra…tinta de acero,
cicatrices que ya no duelen,
por un amor que está muerto.

Enterrado en mis entrañas,
olvidado en mi cerebro,
censurado en mi cama,
clausurado entre mis pechos.

Telas de araña lo engalanan,
estrangulando sus deseos,
anhelando suspiros, añorando recuerdos…
pasión desmedida, celos incontrolados,
falsos argumentos e incalculables mentiras,
por un romance dormido…
entre penas y alegrías.

Espinas clavadas evidencian mi mirada,
ojos de cristal que me delatan,
desconsuelo, angustia y sonrisas simuladas.
Extraños sueños rastreo…
bajo la incertidumbre de la duda,
el sonido del silencio,
temor al olvido…pavor a lo fresco.

Como fantasma encadenado…
alma en pena sin corazón amado,
muerta en vida me hallo,
por la falta de un querer…
que no supo amarme en el pasado.

Calvario y tortura en vida,
desconsuelo, rabia e ira…
un ramo negro de sentimientos,
me arrastraron al abismo, a la deriva…

Mi morada el infierno,
rodeada de cenizas,
aguardándote en silencio
para darte la bienvenida.

Soñando con tu llegada,
gestando nuestro encuentro,
no te faltará de nada,
preparada la fiesta tengo.

Te alimentarás de mi venganza,
calmarás tu sed con mi sangre,
arderás en mi cuerpo,
yacerás entre puñales.

Ahondaré en tus heridas,
¡que corran ríos de sangre!
así sabrás lo que un día…
sufrió tu fiel y entregada amante.

Reiré con tus sollozos,
bailaré con tus lamentos
me vestiré con tus despojos,
tu sangre nutrirá mi cuerpo.

En el silencio de la noche,
recorriendo mis adentros…
siento vida en mi alma
al saber que tú estás muerto.

Mi venganza cumplida,
realizados mis sueños
suturadas mis heridas,
latiendo mi corazón de nuevo,
por un amor que sí estima…
   lo que soy y lo que siento.      

jueves, 23 de mayo de 2013




Conversación susurrada entre Poncio “el santurrón” Y el soldado redivivo que exige manumisión.
por Carlos Rodón.

Ilustración, Carlos Rodón



La guerra es de esos asuntos de los que no suelto prenda.
Si por suerte sobrevives, entonces, mejor callar.
Por mor de no despertar fantasmas de la contienda.
Aunque a veces sin más causa los tengas que soportar.

¿Dónde está el honor ganado?
¿Dónde yaz la gloria aquella?
¿Dónde quedó la victoria?
¿Dónde guardé la botella?

Detén este desconsuelo que en mi alma has horadado.
“Entiende que así ha de ser el castigo de un malvado”
¿Castigo, por qué, por Dios?
“Por haberme asesinado”
“Por dejar mi cuerpo inerte en aquél lecho embarrado”

Habitas entre las sombras, sin conseguir comprender.
Que a ello me vi obligado, sin encontrar más salida.
Eras mi amigo, mi hermano, pero tuve que escoger…
“…Y así salvaste la vida”
Y así la vida salvé.

No interrumpas sombra impía, detén ese verbo infecto…
“…Vida que no mereciste, vida que me pertenece”
“Vida que vives por mí, desde aquél martes y trece”
De saber que volverías otro hubiera sido el cuento…
La guerra ya terminó, has de ausentarte de aquí.
Marcha, libérate al fin y déjame en mi agonía.
“¿Agonía dices, necio? Para agonía la mía”
“Que he de seguir a tu lado hasta que acaben tus días”
“Viendo como comes, gozas, bebes, ríes y porfías”
De una suerte maldecida…
”De una suerte que era mía”

Calla bellaco, te digo, cierra esa boca de arpía.
“Échale otro tronco al fuego, que la noche quedó fría”

Maldito fantasma infiel, maldigo tu ser cien veces.
Al menos bribón no puedes arrebatarme la vida.
Ni beber de mi botella, ni comer de mi comida.


“Tú ríe, maldito, ríe. Que cuando llegue el momento”
“Y en singular travesía arrebataré el calor”
“Que en tu interior es sustento”
“Arrastrándote al rincón más frío del firmamento”

No tendrás tal ocasión pues estoy en el intento.
De conseguir que te marches rezando a Dios en silencio.
“Tu Dios nada puede aquí, tu bajeza es mi alimento”
“Y por mucho que le reces, no escuchará tu lamento”

“Abre pues la puerta ahora, han llegado las rameras”
“Estaré ligado a ti cuando retoces con ellas”
“Nunca has de liberar mi soplo de tu pescuezo”
“Fornicaré con tu pene y gozaré con tu aliento”