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jueves, 14 de marzo de 2013

TURNO DE NOCHE ZOMBIE

Ilustración: Carlos Rodón

Tom empezaba su turno de noche en la fábrica. Su compañero le pasó las últimas instrucciones enviadas por su empresa y se marchó.

Los vigilantes veteranos de su empresa estaban tan quemados con aquél trabajo que apenas si hablaban con los nuevos vigilantes, era como si pertenecieran a una élite que no se relacionaba con cualquiera. En cualquier caso para Tom no eran más que unos fracasados que se habían conformado con el peor puesto de la empresa y encima no tenían la humildad necesaria para reconocerlo. Entró en la fábrica y cerró la pesada puerta de metal, echó la llave y subió las escaleras que daban al piso superior. Una vez allí soltó sus cosas en un enorme sillón que en más de una ocasión le servía de cama y se sentó en la silla que había junto a los seis monitores. Desde allí podía ver no solo el exterior, sino las dependencias más importantes de la fábrica. Pero no se engañaba, mirar esas cámaras era tan divertido como contar de uno a mil. Se reclinó hacia atrás y suspiró, le quedaban doce horas de aburrimiento y sueño por delante. Aunque tenían una televisión, ésta sólo sintonizaba algunos canales y la mayoría de noticias, por ese motivo Tom no la solía usar. Un piloto rojo se encendió.

-¡Mierda! - gritó Tom. ¡Ni diez minutos de servicio y ya hay un problema! Se ajustó el cinturón y revisó la pistola. Esperaba no tener que usarla pero últimamente había mucha gente rara merodeando por aquel antiguo complejo de fábricas. Por un poco de cobre, eran capaces de cortarte el cuello.

Bajó las escaleras y corrió por el corredor A. A medida que iba avanzando los sensores de luz lo detectaban y se iban encendiendo las luces cercanas a él mientras las que quedaban a sus espaldas se apagaban. Eso le molestaba mucho, porque entre otras cosas le daba escalofríos, todo parecía muy tétrico en la oscuridad. Cuando llegó a la puerta, ésta se encontraba atrancada, aunque prácticamente cerrada. Intentó abrirla para cerrarla correctamente, pero ésta estaba demasiado atascada. Le pegó una patada y la hoja cedió con brusquedad, provocando un sonido extraño. Parecía como si hubiera golpeado algo y ese algo hubiera caído al suelo. Se acercó a la puerta y allí vio un hombre en el suelo, parecía en estado de shock, no reaccionaba. Tom le pregunto si se encontraba bien, pero no obtuvo respuesta alguna, por más que insistía. Entonces vio que llevaba un traje que en otro momento debió ser muy elegante pero que ahora estaba totalmente cubierto de un líquido oscuro. Tom alumbro al hombre con su linterna y quedo paralizado. Aquel hombre debía tener menos de cincuenta años, pero su cara estaba desfigurada, de hecho le faltaba parte de la mejilla y todo su cuerpo estaba cubierto de sangre. Lentamente el hombre se levantó y se aproximó a él renqueante. Sus ojos estaban en blanco y su boca parecía escupir sangre con cada balbuceo. Tom retrocedió y cerró la puerta con un golpe tan bestia que se quedo no solo cerrada sino algo deformada. Cerró con llave y salió pitando. Tras él, aquel extraño hombre, golpeaba la puerta sin mucha fuerza pero con una perseverancia que helaba la sangre.

-¿Por qué diablos quería entrar?

Tom subió las escaleras saltando los peldaños de dos en dos. Estaba aterrorizado, él no era ningún boina verde retirado, solo era un antiguo camarero reconvertido en vigilante. Agarró el teléfono y llamó a la policía. Al cabo de unos interminables minutos una agente con voz apática le habló.

-Policía, ¿dígame?
-Señorita le llamo desde la fábrica Drusmor en el parque Joan Malden, alguien está tratando de entrar en la fábrica.

Tom miraba el monitor que enfocaba la puerta que había cerrado, esta parecía moverse, aquel ser seguía intentando entrar.

-¿Es una persona o varias?
-Es un hombre de unos cincuenta años, parece enfermo, pero actúa como un loco.
-Bien, mandaré una patrulla, un segundo. Se escuchó como la agente soltaba el teléfono y hablaba por radio. Señor. Si.
-La unidad 5 está por la zona en menos de cinco minutos estará allí.
-Gracias.
-¡Maldito loco! ¡Tenía que venir a joder en mi turno!

Tom estaba como hipnotizado mirando la puerta, dio un par de vueltas en círculos y revisaba una y otra vez su arma. Joder este tío me va a buscar la ruina. Se volvió a sentar y vio por uno de los monitores que la patrulla había llegado.

-¡Por fin! - Gritó.

La policía llamó al timbre de la puerta principal. Tom descolgó el teléfono.

-Gracias agentes por venir tan rápido. Es un loco está en la puerta justo al final de la nave donde hay varias camionetas aparcadas, deberían verlas desde su posición.
-Ok, las vemos. Permanezca dentro del edificio hasta que nosotros le avisemos.
-De acuerdo. Tom suspiró aliviado.

Conectó las cámaras de la zona y vio como los agentes se acercaban a las camionetas. Se lo tomaban con tranquilidad. Cuando llegaron a la parte de atrás, las cámaras no estaban bien orientadas, por lo que tuvo que redirigirlas manualmente.

-Ahora si voy a ver en directo como te patean el culo. ¡Imbécil!

La policía se paró justo a tres metros del hombre, por sus gestos le estaban soltando el rollo típico de la policía. El hombre los miró y se acercó lentamente a uno de ellos. Este le hizo ademán de que se parara, pero el hombre siguió avanzando. Cuando estuvo cerca del policía, Tom presenció el acto más absurdo y aterrador que jamás había visto. Aquel ser, saltó sobre el policía y comenzó a morderle el cuello. El otro agente le disparó pero las balas ni le molestaban, seguía devorando al desgraciado policía. Varios hombres y mujeres se acercaron a ellos pero lejos de ayudar agarraron al otro policía y lo tiraron al suelo. Tom no pudo seguir mirando. No podía creer lo que había pasado. El mundo se había vuelto loco. Escuchó un golpe en la puerta principal. Miró por la cámara y allí estaba John, el compañero que se había marchado hacia menos de veinte minutos. Visto lo visto, no correría ningún riesgo. Movió la cámara hasta enfocar la cara de John. ¡Dios! Tenía la cara desfigurada y cubierta de sangre, le faltaba un ojo y el labio superior. Tom comprobó por las cámaras todas las puertas de acceso y cerro las internas herméticamente. Por lo menos aquella fábrica era segura. Pero de que tenía que defenderse exactamente, ¿era una enfermedad?, ¿unos locos? Volvió a llamar a la policía pero nadie cogía el teléfono. Llamó a su jefe pero él tampoco lo cogía. Encendió la televisión y buscó algún canal de noticias, con la esperanza de encontrar algo que aclarara lo que estaba pasando. CNN bueno.

-“Ésta misma debería valer”- musitó Tom.

En la pantalla se veían fuertes disturbios por toda la ciudad, la gente corría asustada, otros avanzaban lentamente y atacaban a todos los que encontraban a su paso. La policía no solo no los podía contener sino que además después de ser atacados se unían a la masacre, era como si los infectaran y se volvieran como ellos.

Una corresponsal trataba de dar un informe.

-Lorna Banson desde la calle 45. Esto es una locura, la gente está literalmente comiéndose entre sí. Les aconsejo que no salgan a la calle hasta que la policía controle la situación.

El informe duró poco, una horda agarró tanto al cámara como a la periodista. La cámara seguía filmando, pero Tom no pudo más. Vomitó y vomitó hasta casi quedarse sin aliento. Apenas una hora antes su vida era normal, mediocre pero normal y ahora el mundo estaba loco, nada parecía tener sentido. Se acercó al sofá y se dejó caer. Aunque los cristales de la puerta eran fuertes y la puerta de sólido metal reforzado, los gritos y golpes de los seres se dejaban escuchar. Emitían un lamento insoportable. Tom agarró su pistola y le quitó el seguro.

-¡Aún no! - pensó – “Dejemos que pase el tiempo a ver qué pasa”

La televisión seguía emitiendo imágenes de gente corriendo. El ejército había tomado las calles, se veían vehículos acorazados y soldados pertrechados más para una guerra que para un disturbio local.
-¡Fenómeno, estos les darán caña! Tom miraba entusiasmado como la guardia nacional abría fuego contra los seres. Caían uno tras otro, pero se volvían a levantar. La batalla fue feroz, pero la gente seguía avanzando. Algunos se arrastraban, otros aún faltándole brazos o piernas seguían adelante. Al final los soldados fueron superados y aniquilados. La televisión dejó de emitir. Tom corrió y pulsó todos los botones, canal a canal.

-¡No, mierda, no! La televisión también había muerto.

Aquellos seres debían haber atacado las instalaciones de las cadenas de televisión o los periodistas las habían abandonado al ver lo ocurrido en las calles.

-¡Bien, se acabó!

Tom agarró la pistola y se la puso en la sien. El sudor resbalaba por su frente, apretó los ojos y la boca. Los dientes le rechinaron por la presión.

-¡Joder! ¡No puedo! Bueno pues si tengo que morir antes me cargaré a todos los que pueda. Abrió la puerta de la sala y camino por el oscuro pasillo C, las luces no funcionaban en aquella zona, debió saltar algún conmutador, cerca de allí se escuchaban pasos. Tom sabía que allí no debía quedar nadie y eso no lo tranquilizaba precisamente. El ruido procedía de una de las puertas interiores que había cerrado desde la sala de control. Allí la oscuridad era total, acercó su linterna a la puerta pero no vio nada raro. Agarró la llave y la introdujo en la cerradura, justo en ese momento un ser se estrelló contra el cristal blindado. A pesar de haberse partido media cara y haber cubierto con su sangre el cristal, seguía golpeándose contra la puerta, sus ojos muertos se posaron en él. Tom sacó la llave de la cerradura y echó a correr. Cuando llegó a la sala D, cerró la puerta del pasillo y entró en la sala blindada. Nada más introducir la clave la puerta se abrió. Entró y encendió la luz. Una fila interminable de bombillas iluminó la estancia. La mayoría de las estanterías estaban ya vacías pero aun había un auténtico arsenal, pistolas, rifles, granadas, etc.… aquellos seres se habían equivocado al meterse con él. Porque a diferencia de otros vigilantes, el no custodiaba latas de conserva o ropa, sino las reservas de una pequeña fábrica de armas. Agarró todo lo que pudo y salió fuera, cerró todas las puertas que daban acceso a la cámara y subió a la pequeña azotea superior. Desde allí podía ver el exterior, a lo lejos se divisaban incendios y algunos helicópteros. La ciudad era un caos y él estaba dispuesto a sembrar un poco de orden.

Tomó un fusil de asalto y comprobó su estado. Acto seguido comenzó a introducir balas en los cargadores. Colocó el selector en posición tiro a tiro. Y seleccionó a su primera víctima que no era otra que su compañero.

-Nunca me caíste bien, pero no mereces vivir así.

El disparo retumbo en las cercanías que estaban relativamente tranquilas en comparación con el resto de la ciudad. Los seres se acercaron al escuchar ruido. Tom abrió fuego sobre todos los que veía. A lo lejos vio como algunas personas trataban de huir, soltó el rifle y cogió uno de caza con una enorme mira telescópica. Uno a uno abatió a todos los seres que se encaminaron hacia ellos. Cogió unos prismáticos para ver la dirección a la que iban.

-¡Joder! Van directos a la peor zona.

Tom agarró una granada y la tiró al aparcamiento. El pequeño grupo se quedó paralizado al ver la explosión y aun más confuso al ver a un loco que les hacía señales desde un tejado. Finalmente decidieron que mejor arriesgarse con un loco vivo que con un loco devorador de hombres. Corrieron hacia la fábrica. Tom limpió la zona hasta la entrada. Agarró un subfusil y bajó las escaleras. Corrió hacia la puerta más cercana al grupo. Por el camino recordó que debía pasar por el pasillo donde aquél ser estaba encerrado. Se le heló la sangre. Reanudó la marcha con el corazón latiendo con fuerza. Metió la llave en la cerradura. El ser estaba en frente mirándolo, esperando o al menos eso le pareció. Tom abrió la puerta y rápidamente le disparó a la cabeza esparciendo sus sesos por todo el suelo. Cuando pasaba junto a él, se percató de que llevaba un mono de trabajo, debía ser algún contratista que se quedó haciendo horas extras, pero ¿cómo se infectaría?, debió ser antes. En cualquier caso apartó esos pensamientos de su mente y corrió hacia la puerta exterior, el grupo no estaba a salvo afuera. Abrió la puerta y disparó a todos los seres que se acercaban. El grupo compuesto por dos ancianos, varios jóvenes, un niño y dos soldados se acercaron corriendo. Tom afinó la puntería y acabó con un ser justo cuando agarraba por el pelo a una joven. Los soldados debían estar sin munición porque en ningún momento escuchó disparos. Por fin llegaron a la puerta. Tom cerró con llave y les ordenó acompañarles. Una joven gritó al ver al ser tirado en el suelo. Tom agarró la llave y cerró la puerta de seguridad. Una vez a salvo se relajó y los miró. Uno de los soldados le dio la mano.

-Hola me llamo Dexter pertenezco a la Guardia Nacional.

Tom lo miró confuso.

-Os vi por la tele, os dieron una buena.

Dexter bajó la mirada.
-Así es, salvo Jimmy y yo acabaron con todos.
-Veo que recogisteis supervivientes- comentó Tom.
-Son los pocos que encontramos con vida.

Tom los miró otra vez.

-Bueno pues ¡bienvenidos a mi fábrica de armas particular!

Dexter lo miró con los ojos como platos.

-¿Has dicho?, ¿fábrica de armas?
-Sí, lo cierto es que la estaban cerrando, cuando todo esto pasó. La mayor parte se trasladó la semana pasada, pero aún queda un auténtico arsenal. Todas las puertas exteriores e interiores están cerradas. Si seguís este pasillo hacia la izquierda os llevará hacia la sala de seguridad y hacia la derecha a la cámara donde están las armas. Os aconsejo que vayáis a la sala de seguridad hay un gran sillón donde podréis descansar algo, después bajaré al comedor de la fábrica, estoy seguro de que aún debe haber algo de comer.
-¿A dónde vas tú? - Preguntó Dexter.
-Voy a la azotea, a ver cómo está el patio.

Tom subió la escalera y se asomó con sigilo, procurando no dejarse ver. Fuera en el aparcamiento la muchedumbre se había diseminado. Algún ser deambulaba en las sombras, pero por lo demás las calles estaban tranquilas. A lo lejos seguían ardiendo algunos edificios, ya no había movimiento en el cielo, los helicópteros debían haberse marchado lejos de allí. Un ruido tras él le sobresalto, se volvió rápidamente apuntando con el subfusil. Era una joven. Ella sobresaltada lo miró.

-Perdona soy Jean, quería darte las gracias, de no ser por ti ese ser me habría devorado.
-Vaya, tu eres la chica a la que le querían hacer un corte de pelo. No hay de qué.

Tom volvió a mirar a la calle. A lo lejos empezaba a verse movimiento. Decenas de cuerpos renqueantes se acercaban con torpeza y sin disimulo alguno.

-¡Mierda! Esas putas criaturas no se cansan nunca - Gritó Tom.

Entonces escuchó un ruido ensordecedor. Varios cazas surcaron el cielo llenando la noche con los estruendos de sus misiles. Las explosiones iluminaban las calles, los edificios ardían y se derrumbaban. Parecía como si quisieran demoler la ciudad entera para acabar con esas criaturas, pero eso no serviría de nada, pensó Tom. Siempre quedaría alguno en alguna alcantarilla, bajo los escombros, aunque acabaran con la mayoría, unos pocos supervivientes podrían provocar la infestación otra vez. Tom agarró un fusil que tenía lanzagranadas y disparó al aire justo cuando un avión venía en su dirección. Tom vio cómo el piloto hacía un giro inesperado que daba a entender que había visto la explosión, pero ¿habría entendido el mensaje? El ruido atrajo a más y más seres, cuando los aviones dejaron de bombardear, las calles estaban llenas de miles de ellos. Y ahora todos parecían dirigirse a la fábrica. Tom mandó a Jean abajo y le ordenó que avisara a los demás para que cogieran todo el armamento que pudieran cargar y subieran al tejado. De ponerse mal las cosas, la azotea sería el sitio más seguro. Cuando todos subieron Tom recordó que apenas si tenían comida, pero los ruidos en la parte de abajo llamaron su atención. Se acercó a uno de los laterales de la azotea y después miró el resto de posiciones. La cosa se ponía mal. Los seres estaban intentando entrar por todas las puertas, no tenían mucha fuerza pero eran tantos, que ejercían demasiada presión sobre las puertas y no todas estaban diseñadas para aguantar mucho. Pronto escuchó como reventaban una de las puertas traseras. Ni siquiera las puertas con cristales blindados aguantarían mucho, y el tiempo acabó dándole la razón. Se escuchaba ruido de cristales rotos y pasos torpes tropezando en la oscuridad. ¡Mierda! Agarró su arma y disparó a los goznes que sostenían la pequeña escalera que daba acceso a la azotea. Tom miró al grupo.

Ahora esos engendros no lo tendrán fácil para subir, pero como se amontonaran abajo, esos desgraciados podrían escalar. Cerró la tapa y la atrancó. Lentamente se fue retirando a un rincón de la azotea y se sentó en el suelo. Se llevó las manos a la cabeza y se tapo los ojos. Necesitaba pensar. El resto del grupo se estaba poniendo nervioso al escuchar tan cerca a los seres. Tom cogió su pistola y la miró fijamente, pensó en pegarse un tiro y terminar de una vez con aquella pesadilla, al fin y al cabo él no era responsable de aquella gente ya había hecho demasiado por ellos.

Bajo la azotea se escuchaban los lamentos y pisadas. No tardarían mucho en encontrar la manera de subir. Todos estaban asustados y miraban fijamente a Tom.

-¿Qué hacemos ahora? -Pregunto Dexter.

Tom lo miró incrédulo.

-Y ¿me lo preguntas a mí? Tú eres el soldado, que quieres que haga yo.

Dexter lo miró.

-Sí, es cierto, soy soldado. Pero yo no he sabido proteger a esta gente, ni a mis amigos, el único que ha sabido ser un líder y salvarnos el pellejo a todos eres tú. Me da igual que locura se te ocurra, tu dinos que hacer y todos te seguiremos.

Tom se rascó la cabeza con la pistola.

-Tío, no soy un líder ni quiero serlo. He tenido suerte y hasta ahora hemos sobrevivido pero eso es todo, a partir de aquí deberéis buscaros la vida. En lo que a mí respecta cuando se acerquen esas cosas me volaré la cabeza. No tengo ninguna razón para seguir luchando.

Dexter maldijo en silencio y se alejó de allí. La trampilla de la azotea comenzó a zarandearse, de alguna manera habían conseguido llegar arriba. Dexter miró a Tom que ya le había quitado el seguro a su arma y con un guiño le indicó que todo se acababa. Fue en ese momento cuando un niño se sentó junto a Tom.

-Señor usted nos va a salvar de esas cosas, ¿verdad?

Tom lo miró.

-Hijo yo no sé qué puedo hacer….

El niño lo miró entre lágrimas.

-Entonces ¿nos van a comer?

Tom se maldijo a sí mismo. Se levantó, acarició la cabeza del chico y le dijo.

-Nadie te va a comer mientras yo esté aquí.
El niño se abrazó a su pierna y sonrió. Tom miró a Dexter.

-Quiero que todos carguéis las armas y la comida, quitad los seguros y estad alerta. Bajaremos a la azotea inferior, desde allí hay una escalera que da acceso a un patio trasero donde está aparcada una furgoneta. Las llaves están en la guantera. Dexter acompáñalos y asegúrate de que lleguen vivos. Y otra cosa. Si en diez minutos no estoy abajo sácalos de aquí.

Dexter lo miró, dudando. Tom captó su nerviosismo.

-¿No querías un puto líder que diera órdenes? pues ¡obedece!

Dexter asintió, se acercó a él y le dio un fuerte abrazo. Tom vio cómo el grupo se alejaba escaleras abajo. Los vio caminar por la azotea inferior y bajar hasta el patio. Dexter y el otro soldado aseguraron la zona mientras el resto subían a la furgoneta. Sin encender el motor ni las luces esperaban allí. Pero los seres rompieron la trampilla y comenzaron a subir. Tom los acribilló sin compasión, corrió hacia la escalera pero comprobó que la azotea inferior y el patio comenzaban a llenarse de criaturas. Estaba atrapado. La furgoneta se puso en marcha y se alejó de allí rápidamente. Ahora estaba atrapado y solo. Trepó por una chimenea lo más rápido que pudo, con horror, vio como se le caía la bolsa con la munición extra. Ya sólo tenía un cargador y la pistola. Siguió subiendo hasta que ya no tenía escapatoria. Uno a uno fue eliminando a todos los seres que conseguían trepar. Pero pronto se quedo sin balas. Tiró el fusil contra la cabeza de uno, consiguiendo desestabilizarlo y hacerlo caer. Pero vio como se volvía a levantar. Sacó su pistola y se la puso en la cabeza, no quería morir pero mejor una bala que ser devorado. Apretó el gatillo. Tom apretó los ojos, pero nada sucedió. Saco el cargador y comprobó que estaba vacío.

-¡Dexter! - Gritó.

Dexter circulaba lo más rápidamente posible con las luces apagadas, atropelló a varias criaturas en su camino de huida. El grupo estaba muy disgustado por abandonar de esa forma a su salvador, pero comprendían que no había otra opción, si se hubieran quedado, habrían muerto todos allí. Dexter suspiro aliviado al comprobar que había acertado con la  ruta y ahora se alejaban de la ciudad por una carretera secundaria.

Atrás después de unas cuantas horas de viaje, la mayoría estaban dormidos. Algunos no podían ni pensar en cerrar los ojos del miedo que tenían y Dexter apretaba los suyos para intentar ver mejor la carretera y sobre todo no dormirse. Fue entonces cuando dos Jeep salieron a su encuentro. Varios hombres se acercaron a ellos apuntándolos con sus armas. Dexter les gritó su rango y número. Los soldados inspeccionaron la furgoneta y los condujeron a su base. Dexter se enteró de que el ejército iba a bombardear la ciudad hasta no dejar piedra sobre piedra. Todos se miraron, nadie quiso admitirlo pero todos pensaban en Tom. Solo, abandonado y encima si no lo mataban los zombis lo haría el bombardeo.

Un helicóptero se aproximaba.  Unas pequeñas luces delataban su posición. Lentamente se acercaba hasta que acabó posándose cerca de ellos. Varios soldados saltaron del helicóptero. Tras ellos apareció un hombre. Todos los del grupo se quedaron asombrados. El niño del grupo salió corriendo hacia el helicóptero. Allí con cara de pocos amigos y con un puro en la boca estaba Tom. El niño se le agarró a la pierna, Tom lo cogió en brazos. El grupo entero corrió hacia él entusiasmados al verle con vida.

Dexter se acercó a Tom y le puso una mano en el hombro.

-Tío eres duro de pelar.

Tom le sonrió.

-Y tú un ¡cabrón! La próxima vez que me abraces, revisaré el cargador de mi pistola, no me quedó otra que ingeniármelas para escapar. Bueno ahora veamos la fiesta. Todos se giraron al escuchar los aviones, esta vez no eran cazas sino bombarderos. La noche se iluminó a la luz de las explosiones. El bombardeo fue tan intenso que durante horas la noche parecía haber dejado paso al día.

La pregunta que todos se hacían era, ¿acabarían la bombas con todos los seres?

jueves, 21 de febrero de 2013

LA PRUEBA DE VALOR



Tim estaba parado justo delante del jardín de la casa Mulparish. Hacía años que estaba deshabitada. En sus buenos tiempos estaba llena de vida, continuamente se celebraban actos y fiestas. Pero tras el crack de 1929, todo cambió. La familia Mulparish lo perdió todo y la casa paso a manos de un banco, al que le resultó imposible venderla o sacar provecho de ella.

Los chicos de la pandilla le urgían a entrar. Para ingresar en la banda tenía que subir a la segunda planta y traer un objeto de uno de los dormitorios. Rom, que era el mayor del grupo a sus 16 años, le empujó hacia la verja. Tim tuvo que hacer un gran esfuerzo para mantenerse en pie y no caer al suelo. Estaba aterrorizado solo de pensar en entrar allí dentro, pero la perspectiva de seguir recibiendo palizas por parte de la pandilla no era nada agradable. Si conseguía superar las pruebas, todo cambiaría.

Se armó de valor y empujó la verja que emitió un chirrido que le produjo el mayor de los escalofríos. Con paso lento, fue vadeando la maleza que antaño fue jardín bien cuidado. Tropezó con un macetero que estaba oculto a la vista. Los chicos se rieron de él. Tim se limitó a levantarse y seguir avanzando.

La puerta de la casa estaba abierta de par en par. Entró dentro y observó los muebles podridos y los viejos techos cubiertos de telarañas. El suelo era un mar de polvo que dejaba marcadas cada una de sus pisadas. Fuera empezaba a anochecer, por lo que decidió darse prisa y acabar con aquel mal trago.

Subió las escaleras que conducían a la primera planta. Escalón tras escalón, el corazón le latía cada vez con más fuerza. Agarró la barandilla de madera y esta pareció temblar bajo la presión de su mano. Cuando llegó al rellano de la primera planta, todo estaba muy oscuro. Al estar todas las puertas cerradas, no dejaban pasar la luz. Escuchó un ruido en la segunda planta. La sangre se le heló, se pasó la mano por la cara en un intento de secar el sudor que ya empezaba a brotar, a pesar del frío que hacía.

-¡Tranquilo Tim! Aquí no hay nadie, esos imbéciles cuentan historias para asustar a los más pequeños. Los ruidos son normales en una casa tan vieja.

Agarró una vara de metal, que una vez fue un adorno de la escalera y la sostuvo en alto. Aquella casa era enorme y empezaba a ser consciente de que no saldría de allí con luz del día. Continuó avanzando escaleras arriba, los ruidos parecían cobrar vida, por un momento le pareció escuchar a los chicos de la pandilla. Seguramente habrían salido corriendo hartos de esperarle. Por fin llegó a la segunda planta. Una fuerte corriente de aire cerró varias puertas de golpe. Tim se agarró a la escalera y esta cedió. A punto estuvo de caer por el hueco de la escalera. Se limpió el polvo de la ropa y se levantó. Estaba decidido, pero su decisión se hizo más débil cuando advirtió que por debajo de una de las puertas del final del pasillo izquierdo, se veía una rendija de luz. En un primer momento pensó que era el sol del atardecer, pero a medida que se iba acercando vio por una de las ventanas que fuera ya era de noche. Desde allí no podía ver a los chicos porque ese lado daba a la parte trasera de la casa.

Alzó la vara, y caminó lentamente. El pasillo parecía alargarse, por más que creía andar el miedo le hacía parecer como si no se moviera del sitio. Cuando llegó a la puerta, no sabía qué hacer. Si la abría no tenía ni idea de qué podría encontrar. Finalmente, giró el pomo de la puerta y la empujó con la mano. Se escuchó un alarido, que le hizo caer al suelo. Perdió la vara que cayó rodando, alejándose por el pasillo. Una sombra comenzó a acercarse a la puerta. Tim iba a gritar. La luz quedó tapada por la figura de un hombre alto con sombrero y larga barba.

-¿Qué haces aquí? - Preguntó.
-He venido por un objeto para mis amigos. Tim no se daba cuenta de lo absurdo que resultaría aquello para un extraño.
-Pues cógelo y márchate. Esta casa vieja no es sitio para un niño, podrías hacerte daño.

Tim se levantó y entró en la habitación, que estaba iluminada por un candil. Agarró un peine y se lo guardó en el bolsillo.

-¿Qué ha sido ese grito? - Preguntó Tim.

El hombre se rio.

-Estaba tocando la guitarra, y al levantarme se me escapó y me cayó en el pie derecho. Me hizo mucho daño.

El anciano a la luz, no parecía nada amenazador. Tenía una sonrisa muy agradable y su ropa estaba limpia.

-¿Usted?
-¿Sí?
-¿Vive aquí?
-Entré en la casa esta mañana. Por más que busqué, no encontré ninguna pensión u hotel que tuviera habitaciones libres.
-Mi mama alquila habitaciones y ahora mismo, no tiene clientes.
-¡Genial! Pues si no te importa, recojo mis cosas y me muestras el camino a tu casa - añadió el anciando después de
rascarse la barba.
-¡Vale! - Contestó Tim sentándose sobre un pequeño arcón.

Unos diez minutos más tarde, el anciano y el niño abandonaban la casa. Antes de salir, el anciano apagó el candil y lo dejó en una estantería.

-Ese objeto para tus amigos... ¿por qué tenías que cogerlo de aquí?
-Mis amigos dicen que esta casa está embrujada.
-¡Tonterías! No existen los monstruos, ni fantasmas, todo eso son cuentos.

El anciano y el niño se alejaron de la casa, charlando y riendo. En el jardín trasero de la casa, un ser alto y desgarbado, tiraba los cadáveres de los niños de la pandilla por la ventana del sótano. Alzó la cabeza y olfateó el aire dejando ver sus enormes fauces y sus ojos rojos como la sangre. Su cuerpo estaba desgarrado y tenía aspecto de podrido. Agarró el cadáver de Rom, mordió su brazo derecho y masticó la carne. Un coche que pasaba cerca lo asustó. Se arrojó al suelo y reptó por la estrecha ventana hacia el interior del sótano.

viernes, 25 de enero de 2013

El furgón

EL FURGÓN
Carlos J. Benito

    Tomas conducía por la avenida Main. Estaba eufórico, le acababan de entregar el nuevo furgón blindado para hacer el reparto. Era lo último en seguridad. Lo que más le llamó la atención, era que disponía de unas rejillas que al accionarse mediante una pequeña manivela o un botón, las giraba y bloqueaba las ventanas. En caso de verse inmerso en un tiroteo, estarían bien protegidos. Pero no se engañaba, su trabajo en la empresa de seguridad Sutton, no era nada emocionante. Roadsville era una ciudad muy pequeña y con un índice de delincuencia extremadamente bajo. De hecho, podrían hacer las recogidas en una camioneta de helados y no perderían ni una sola saca.
   

  Atrás Rom era el jefe, por decirlo de alguna manera. A sus sesenta y dos años, estaba cercano a la jubilación, su pelo corto y canoso, su cara arrugada, constituían la prueba irrefutable de que ya llevaba muchos años en ese trabajo. Dave era el más joven de grupo, alto, desgarbado y peli rojo, no contaba más de veinte y dos años de edad. Para el todo era emocionante. A decir verdad, el sólo hecho de llevar un arma, hacía que aquel trabajo le mereciera la pena.

    Tomas era moreno, alto y más o menos se conservaba en buena forma. Tenía cuarenta años, y como muchos de la profesión, estaba soltero. Los vigilantes no solían disponer de mucho tiempo libre debido a sus largos turnos de trabajo y su insignificante sueldo, por lo que la mayoría o estaban divorciados o eran solteros. Algunos todavía vivían con sus padres. Nada que ver con esos cuerpos de seguridad de las películas.  
  
   Aceleró la marcha y se desvió hacia la calle Roffman. Al final de la calle Main, parecía haber un altercado. Mucha gente se arremolinaba junto a varios coches volcados. Tomas agarró el comunicador de la radio del blindado y llamo a la central.


   - ¿Lisa, me escuchas?
   - ¡Dime Tomas!

   - Me he desviado de la ruta. La calle Main está abarrotada de gente, no sé qué diantres pasa, pero es un caos, ha habido varios accidentes.
   - Ok. Algo he escuchado por la radio. No es el único suceso. En Timeland y Raunin, se han registrado numerosos actos de vandalismo.

   - ¿Qué carajo pasa? De repente este pueblo parece New York.

   - ¡Dios mío! ¡No! ¡Suélteme!

   - ¡Lisa que pasa!


    Pero Lisa no contesto, en su lugar solo se escuchaban ruidos extraños, gruñidos y estática. Tomas se frotó la cara, no le gustaba nada lo que estaba pasando pero no podía dejar sin hacer la ruta. Si todo resultaba ser una falsa alarma y no cumplía con su trabajo, como mínimo le sancionarían de empleo y sueldo.

    Pulso el botón para activar el intercomunicador del furgón donde estaban sus compañeros.

   -¡Rom! Lisa me ha contado que hay varios follones en la ciudad y de repente la he escuchado gritar algo y ya no he podido contactar con ella.
   -¡Tranquilo! Hoy era su aniversario, Dexter le habrá dado una sorpresa y ahora estará pasándoselo bien, mientras nosotros curramos.

   -¡Estamos llegando al Banco Jeffcom! Chicos tened cuidado.      

   -¡Si mama! Refunfuño Rom.


   Los dos vigilantes salieron del furgón y entraron en el banco. Todo parecía en orden. Tomas reviso su hoja de ruta, tres paradas más y terminarían su turno. Puso la radio y sintonizo Times Road la emisora local de noticias. El comentarista parecía bastante alterado.

   -Esto es increíble, toda la ciudad parece haber sido tomada por un virus de pura locura. Los escaparates de la mayoría de las calles han sido destrozados, la gente es atacada en plena calle y la policía es incapaz de controlar el tumulto.

   Se hizo el silencio durante unos minutos.

   -Esto es una locura, me dicen que la gente no solo se ataca entre sí, sino que además actúan como caníbales. Tengan mucho cuidado si están en la calle, les aconsejo que vuelvan a casa y cierren puertas y ventanas. La guardia nacional ha sido avisada.

   Se escucharon gritos y cristales rotos, después todo quedo en calma y ninguna emisora de radio parecía emitir. Los repentinos golpes en la puerta trasera lo sobresaltaron. Dave golpeaba la puerta mientras disparaba a varios tipos que se acercaban a él. Tomas abrió la puerta y Dave entro de un salto, cerró la puerta y grito a Tomas que arrancara.

   -¿Y Rom?
   -Tío, ha sido una locura. Ha sido una locura. Soltó su arma en el asiento y se agarró la cabeza con ambas manos, mientras se movía en un acto parecido a acunarse. Estaba en estado de shock.

   -¡Dave! ¡Qué coño ha pasado!
   -Entramos en el banco y todo estaba cubierto de charcos de sangre. Había varios cuerpos tendidos en el suelo, desmembrados, tenían las entrañas fuera. Rom se acercó a la ventanilla y el cajero le salto encima. No paraba de morderle. Una anciana y dos tipos se tiraron al suelo, lo estaban devorando. Cinco tios me perseguían y por más que les disparaba, seguían tras de mí. ¡Están todos locos!
  
   Varios hombres golpeaban los costados del furgón, uno de ellos se puso justo en medio de la calle y Tomas apenas si consiguió esquivarlo. La pequeña y aburrida ciudad se había transformado en un nido de violencia. Avanzó a toda velocidad calle tras calle, en dirección a la empresa de seguridad. Por el camino vieron más y más escenas dantescas. Cuando llegaron a la empresa Tomas detuvo el furgón lentamente en la explanada del aparcamiento. Había varios furgones abiertos y manchas de sangre en las puertas. Tomas toco el claxon varias veces. Pero no noto actividad en ninguna ventana. ¿Qué había pasado con sus compañeros? ¿Estarían todos muertos? La respuesta no tardo en llegar. Lisa, junto con varios vigilantes salieron por la puerta principal. Avanzaba con los ojos en blanco, con las ropas destrozadas y los cuerpos destrozados. Tomas arranco y se alejó de allí. En un primer momento pensó en ir a la comisaria, pero cuando llamó por radio y no obtuvo respuesta, desestimo la idea. Tomo la salida a la autopista y condujo lo más rápido que le fue posible. Pero no tardo mucho en tener que frenar. No era el único que tuvo esa idea, la autopista estaba colapsada y varios kilómetros más adelante un accidente con un camión la había bloqueado. Intento dar la vuelta pero en ese momento, el furgón emitió algo similar a un quejido y se apagó todo el sistema eléctrico.
 

   -¿Por qué paras?

   -No he sido yo, algo ha fallado en el sistema eléctrico.   
   

   Reviso la caja de fusibles, uno de ellos se había quemado. Tal
vez pudiera sustituirlo por otro, miro en la guantera para ver si habían dejado allí el manual del furgón. Pero no estaba. Rebusco por todos sitios, pero nada. Cuando Tomas levanto la cabeza y miró al frente quedo aterrado. Unas cien personas se acercaban lenta y torpemente a ellos. Accionó manualmente los cierres del furgón. Dave pego un respingo.

    -¿Qué pasa Tomas?

     A través de la pequeña ventana blindada Tomas le miró y señalo la carretera. Dave se agarró la cara aterrorizado. Minutos después aquellas personas destripadas, desfiguradas horriblemente, desmembradas y algunas incluso quemadas, se aferraban a las puertas del furgón tratando de abrirlas.

  Varios de ellos treparon al techo y al capo intentando romper los cristales. No podrían romper los cristales ni abrir las puertas, pero aun así aquella visión haría perder la cordura a cualquiera. Y así fue. Dave se puso la pistola en la boca y disparó. Tomas lo miró, el joven risueño, algo pedante que esta mañana se había subido al furgón rebosante de vida, ahora estaba muerto con sus sesos esparcidos por todo el habitáculo. Consciente de su situación, se agachó de nuevo y probó a cambiar varios fusibles de lugar pero esto provoco un cortocircuito y quemo los demás fusibles.

    -¡Mierda!

   Ahora estaba atrapado en un vehículo blindado, que no volvería a moverse. Allí encerrado, no tenía ninguna opción, pero si salía del furgón lo devorarían. Agarró su pistola y comprobó que estaba cargada. La soltó en el asiento contiguo.

    - Aún no, pensó.
  
  Pero lo más probable es que tarde o temprano, cuando el hambre y la sed lo debilitaran, no tendría más remedio que pegarse un tiro.


    Miró en su pequeña mochila. Por suerte esa mañana había desayunado bastante y no comió nada durante el turno. Disponía de un bocadillo, una botella de agua de dos litros y una lata de refresco. Abrió otra vez la guantera y sacó un paquete de frutos secos que guardo al poco de subirse al furgón. Rompió el envase y cogió varias avellanas. Pero comer viendo aquellas caras era demasiado. Accionó la manivela que bajaba las rejillas metálicas, la amenaza seguía estando allí pero al menos no los veía. Junto a la manivela de bajada, había otra que permitía girar las rejillas de la persiana para tener visión del exterior, pero por el momento fuera no había nada que ver. Agarró el paquete y siguió comiendo. No tenía ni idea de cuánto tiempo tendría que pasar allí dentro, ni siquiera si saldría de allí.

   Con gran dificultad consiguió dormir algo. Cuando despertó giro un poco la manivela para ver cómo estaba el panorama fuera. No había cambiado mucho, seguía habiendo seres en el furgón, que cobraron mayor actividad al ver moverse las rejillas. Toda la autopista estaba plagada de ellos, vagaban de un lado a otro sin rumbo. Agarró su walkie sin muchas esperanzas, aunque funcionaba con baterías, no pensaba que pudiera captar ninguna señal.

    Fue cambiado de canal en canal, pero no captaba nada. Lo soltó en el salpicadero. Cerró nuevamente los ojos e intento volver a dormir, cuanto menos tiempo estuviera despierto menos energía, comida y bebida consumiría. Pero lo mejor es que mientras no estuviera consciente, no sufriría aquella tensión. Se escucho un ruido en el walkie, lo ignoró, debía tratarse de alguna interferencia. Cuando una voz hizo vibrar el altavoz, abrió los ojos y cogió el walkie.

    -Aquí el centro de control de la guardia nacional. La autopista ha sido bloqueada, no intenten usarla. Está plagada de seres infectados, en breve varios aviones de combate procederán a limpiar la zona. Repito, que nadie use la autopista bajo ningún concepto. La voz se apagó.
 

   Quizás estuviera cambiando de canales para transmitir el mensaje al mayor número de personas. Tomas metió la comida de nuevo en la mochila, apago el walkie y lo guardo en uno de los bolsillos. Cuando los aviones llegarán, usarían tanto misiles como armamento pesado. Si todo aquello no hacia volar en pedazos el blindado, lo dejaría en muy mal estado, en cualquier caso debería abandonar la zona rápidamente. Tal vez acabaran con todos los seres y pudiera seguir la autopista y más adelante encontrar algún vehículo en buen estado.

    Pasaron varias horas y no había ninguna novedad. Se colocó el chaquetón y aseguró su munición. Enfundó su pistola y preparó su escopeta reglamentaria. Giró la manivela para dejar la persiana totalmente cerrada. Pocos minutos después, se dejaron escuchar las primeras explosiones y el ruido de motores a reacción de los aviones. La autopista tembló, pudo sentir como parte de ella se derrumbaba. Un avión debió quedarse sin misiles porque empezó a acribillar el terreno. El blindaje resistía las duras acometidas de los proyectiles. Los seres caían al suelo destrozados, se escuchaban caer desde el furgón. El tintineo de las balas y los coches estallando. Un misil impacto contra el blindado y este se elevo varios metros en el aire hasta caer de lado. Dentro Tomas tuvo suerte, pues no se había quitado el cinturón de seguridad. Miró las puertas, pero en principio estaban intactas. Fuera los aviones se alejaban y todo volvía a estar en calma. A pesar de la incomodidad, se quedo dentro, de noche no podía salir fuera. A la mañana siguiente, giró la manivela al principio poco a poco, luego al ver que no había nada cerca o al menos vivo, la abrió por completo. Los seres estaban destrozados en el suelo y no parecía haber ninguno activo. Abrió la puerta y con precaución asomó la cabeza, salió fuera y se encaramó al costado del furgón. El espectáculo era asolador, todo a su alrededor echaba humo o estaba quemado. La buena noticia era que no había ni rastro de los seres. Entro dentro del blindado y abrió la puerta de la parte trasera donde estaba el cadáver de Dave. Regreso al exterior y entro dentro del habitáculo donde se transportaba el dinero. Ver a Dave, no fue nada agradable. Registró sus mochilas en busca de comida, recogió el armamento y munición disponible. Vació una saca grande de dinero y lo metió todo dentro. Cerró la puerta exterior y miró a Dave por última vez.

    -¡Lo siento chico!

    Se colgó la saca a la espalda y agarró nuevamente su escopeta. A lo lejos pudo ver los restos del camión. Tardó en llegar, pero cuando lo hizo, apretó los dientes y frunció el ceño. La autopista estaba derrumbada. Se sentó dejando colgar los pies en el aire. Por uno de los costados, casi colgando, había quedado la barandilla. Era demasiado arriesgado, pero tras el, reconoció un ruido que le era desagradablemente familiar. Se tiró al suelo y miro por debajo del camión. Se acercaban seres, casi se cae al vació cuando apareció a pocos centímetros de él, la cabeza de un ser que no tardo en meter la mano intentado alcanzar su cara. Ya no tenía opción. Corrió hacia la barandilla y se deslizo hasta el otro tramo de la autopista. En el otro lado los vehículos parecían menos dañados. Con cautela fue revisándolos. Por fortuna la mayoría fueron abandonados. La guardia nacional debió colocar el camión como barrera y volar esa parte para cortar el paso a los seres que consiguieran salvar el obstáculo del camión. Una medida desesperada aunque inútil, porque los seres que cayeran al vacío, se arrastrarían por el suelo y seguirían. Continuó la marcha hasta llegar a la zona donde se acababa el atasco. Allí encontró un Land Rover. Lo revisó de cabo a rabo. No estaba dispuesto a que un ser saltara sobre él desde el asiento trasero, como solía ocurrir en las películas. Tenía el depósito lleno. Los que lo abandonaron no querían quedarse tirados cerca de la ciudad. Antes de largarse, reviso los coches en busca de más suministros, aunque no consiguió gran cosa. Monto en el todo terreno y echo los seguros. El sonido del motor le pareció glorioso. Lentamente se alejó del lugar.

    Condujo hasta casi quedarse sin gasolina. No le hacía gracia, pero tenía que repostar, opto por tomar una salida a una de las estaciones de servicio. La primera que encontró, estaba demasiado llena de coches y supuso que podía quedarse atascado en caso de urgencia. La siguiente estaba totalmente vacía. Aparcó el coche, abrió el depósito y metió la manguera en el. Esa era la parte fácil, lo difícil sería entrar dentro de la oficina y conectar el surtidor. No tenía ni idea de que se encontraría dentro. Caminó hacia la oficina, tiró de la puerta y una campanilla tintineó alegremente. Un ser salió de detrás de una estantería y otro más de una habitación en la que no había reparado. Disparo a la cabeza del primero y después del segundo. No sabía si eso era lo mejor, pero en las pelis de zombis, siempre funcionaba. Se movió con rapidez paso al otro lado del mostrador y accionó todos los surtidores. Después agarró una cesta y tomó toda la comida que pudo de la zona de tienda. Corrió hacia el vehículo y conecto la manguera. Metió todas las cosas en el coche. ¿Habrían escuchado esos seres el ruido de los disparos? Tal vez no hubiese ninguno más cerca o quizás miles de ellos acecharan tras el espeso bosque que rodeaba la estación. Cuando escucho el click de la manguera creyó ver a Dios.

  - ¡Por fin!

    Tiró de la manguera y justo cuando iba a soltarla, desde el bosque vio como varios seres se acercaban entre la maleza a paso rápido. Volvió a conectar la manguera y la bloqueo para que no se cortara el flujo de gasolina. En pocos minutos, un gran charco de gasolina cubría el suelo de la estación. Tomas subió al vehículo y salió pitando de allí. Por el retrovisor podía ver a los seres invadiendo la gasolinera, dispuestos a seguirle. Pero había algo que él tenía muy claro, no quería compañía. Paro el vehículo y bajo de él. Saco su pistola y disparó a los surtidores. A aquella distancia no tendría mucha precisión al disparar, pero conque unas chispas cayeran en la gasolina sería suficiente. Al segundo disparo la estación exploto, arrasando a sus ocupantes. Regreso al todo terreno y reanudo la marcha.

    El camino fue bastante tranquilo, de vez en cuando atropellaba algún ser, pero básicamente discurrió sin problemas.

    Cincuenta kilómetros después, ocurrió lo impensable. Un Jeep militar salió de la nada y le cortó el paso. Uno de los soldados bajo del Jeep, mientras el conductor mantenía el motor en marcha y otro de pie dirigía una ametralladora montada en el chasis del vehículo hacia el todo terreno. Con precaución el soldado se acercó a él y le hizo señas para que bajara la ventanilla.

   -Soy el soldado de la guardia nacional Jeff Madison. Continué recto, a unos dos kilómetros encontrara una pequeña base militar. Estamos evacuando, la zona ya no es segura.

   Los dos vehículos se alejaron a toda velocidad. Cuando llegaron a la base casi todos los vehículos habían sido abandonados y la mayoría de las personas subían a helicópteros de transporte. Tomas escondió su pistola, consciente de que no lo dejaría subir al helicóptero con armas. Bajo del coche y siguiendo las indicaciones de un teniente, corrió hacia un helicóptero que estaba a punto de cerrar la compuerta de carga. Entro dentro ayudado por varios soldados y casi lo sentaron a la fuerza, colocándole un cinturón de seguridad. La puerta se cerró. Desde el aire pudo ver cómo los últimos soldados eran evacuados en un helicóptero. El extraño convoy se alejó en el aire. Mientras un escuadrón de bombarderos se dirigía hacia la ciudad. Si alguien quedaba con vida, aquello sería su fin.

  ¿Qué sería de ellos? ¿Hasta dónde llegaría la infección?