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lunes, 29 de julio de 2013

La entrebestia absurda, Irene Comendador

Ganadora del I Concurso de Microrrelatos Eróticos de R21 en diciembre del 2011
Ganadora del Certamen XI Premio Sexto Continente de relato erótico de REE en junio de 2012
Segunda ganadora del concurso de relato largo zombie en la web All Zombies en agosto de 2012
Publicaciones en papel:
“Microantología del microrrelato III” Editorial Irreverentes en octubre de 2011 (http://www.edicionesirreverentes.com/narrativa/microRelatos3.html)
“200 baldosas al infierno” Editorial Tyrannosaurus Books en Marzo de 2012
“Arkham. Relatos de horror cósmico” Editorial Tyrannosaurus Books en junio de 2012
“Sé que estás ahí” Editorial Seleer en noviembre de 2012
(http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355HYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"&HYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"categoryId=999.545HYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"&HYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"isProduct=trueHYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"&HYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"trailHYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"&HYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"trailSizeHYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"&HYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"navAction=jumpHYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"&HYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"navCount=0HYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"&HYPERLINK "http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A8072355&categoryId=999.545&isProduct=true&trail&trailSize&navAction=jump&navCount=0&brandId"brandId)
Columnista en el periódico “La Red 21”, con artículos sobre la sexualidad.
Escritora de la web “Con un par de tacones”
Colaboradora en la web Action Tales, en la sección de “Femme Fatales”
Colaboradora en la Revista bimensual “FanZine”
Miembro de la asociación ESMATER (Escritores madrileños de terror)

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01- ¿Te gusta llegar y besar el santo?
   Lo de llegar siempre es bueno, ya sea al destino que tenías pensado o a uno que no te hubieras imaginado, siempre hay que llegar. Y besar, yo soy muy de dar besos, pero si hay que dar besos a santos que no sean de piedra, las figuras y monumentos son mejor para contemplar.  

02- ¿Auto reciclaje o extrapolación?
   Como buena chica de alma hindi, hay que reciclar y salvaguardar la tierra. Yo tengo claro que dentro de un tiempo todo lo que nos rodea se irá a la mierda, habrá un Apocalipsis en el que toda la humanidad sufrirá las consecuencias de sus actos y el planeta por fin conseguirá su venganza. Aguas vírgenes se convertirán en turbias mareas insalubres y la visión de la Tierra será un pantano de lodo y destrucción en el que nos pudriremos. Pero vamos, que reciclando las botellas de plástico solo conseguiremos retrasar la hecatombe. Yo mientras sigo con mi plan de varias bolsas en el cubo, jajaja. 

03- ¿Cama o sofá?
   El sofá tiene posturas muy sugerentes, pero tener rodillas, codos y demás articulaciones puntiagudas hace que el juego sea más peligroso, por lo que unas buenas sábanas con divertidos colores siempre son más recomendables. De la cama no gusta salir, y si no, que se lo digan a todo hijo de vecino cuando suena el despertador por las mañanas, ¡maldito traidor!

04- ¿Realista o malabarista?
En la realidad de lo real y la vida cotidiana, mejor ser realista y afrontar la realidad ¡toma ya! Pero si hablamos de literatura, mejor dejar que los malabarismos nos posean, ocupando nuestra imaginación y dando rienda suelta a cualquier historia que queramos formar; los límites están prohibidos.  

05- ¿Deber y placer suelen ser lo mismo para ti?
   ¡NO! Algunos de mis deberes me causan placer, otros en cambio no. Creo que como todo el mundo, yo sigo trabajando para que esos que no son placenteros desaparezcan.  

06- ¿Pepinillo o morcillón?
   No me gustan ni los pepinillos, ni las morcillas. “Jatetú” por donde. 

07- ¿Escribes por impulso o pulsas lo que escribes?
   Si pulsar es aporrear las teclas del ordenador para escribir, pues sí, ahí estoy a altas horas de la madrugada, dando guerra a los vecinos con el martilleo constante de mi pobre teclado de letras borradas. Pero si me hablas de lo que me impulsa a escribir, suelen ser ideas momentáneas que van tomando forma, mientras que mis vecinos acoplan en sus orejas los tapones para poder dormir. Hasta para escribir soy muy impulsiva, no razono las historias previamente, únicamente escribo. 

08- ¿Trueque o trato?
   Cualquiera de las dos y dependiendo del momento y la situación, son una buena opción. Propón. 

09- ¿Cometerías una locura por una apuesta?
   Sí, lo volvería a hacer. 

10- ¿Caminarías desnuda con un cartel por el centro de tu ciudad, por...?
   Por obligación. Y obligación me refiero a que pendiera de un hilo la vida de mi hijo, a que me hubiesen robado la ropa, drogado o amenazado con terminar con toda mi estirpe. Si no es así, mi cuerpecito serrano al completo no lo ve nadie por la calle. 

11- ¿Qué es lo primero que observas al conocer a un hombre?
   Si tengo que ser superficial en la respuesta: los ojos, sus movimientos y el trasero; si he de ser más políticamente correcta, diré que me gustan los hombres con sentido del humor, inteligentes y que transmitan ser buenas personas, de buen corazón. 

12- ¿Cocina casera, o si no hay Casera nos vamos?
   Jajaja, yo el vino tinto sin Casera… prefiero el rosado y espumoso. Y sí, donde esté una buena comida casera y hecha con cariño, que se quiten los precocinados. Ains… ese cocidito madrileño. 

13- Dime con quién andas y te diré...
   Esa frase no me gusta. Es como meter en el mismo saco a todo el mundo, odio generalizar. Puede no gustarte una persona y que sus amigos sean maravillosos, al igual que puede no gustarte un grupo de personas y que haya alguien dentro de él que merezca la pena tener cerca. 

14- ¿Eres de toma pan y moja?
   Ajá, mojar la salsita del guiso con la miga del pan o el pisto hasta que te chorrea por el antebrazo, es uno de los placeres de la vida. Y sí, entendí la pregunta. 

15- ¿Acción o reacción?
   Depende, si tengo que reaccionar, reacciono; si tengo que ser la primera causante de la acción, y es lo que veo correcto, así lo hago. Sería más fácil concretar la respuesta si supiese el sentido de la acción o reacción. Ganitas de pinchar tienes ¿eh?

16- ¿Qué tipo de Apocalipsis elegirías en caso de que se avecinara uno y pudieses escoger?
   No por cliché, no por moda, no porque tenga ya el kit de supervivencia en el sótano, pero yo elegiría el Apocalipsis zombi, quiero ir mordiendo a la gente sin que me pesen las piernas al correr. Tengo claro que no sería una de las supervivientes, en el primer episodio me convierto o muero, fijo. 

17- ¿Tanga o braga pañal?
   Coulotte, porque el tanga me molesta y la braga pañal no me pega con los pantalones que suelo llevar, además, no me gusta que por el escote sobresalga la cinturilla de la braga. 

18- ¿Pendrive o DVD?
   Pendrive para los archivos de diario y disco duro extraíble para las cosas a largo plazo. 

19- ¿Arte o Forrarte?
   ¿Forrarme? Jajaja, como no sea con el film transparente para bocadillo… No, en cuestión de arte, y con respecto a mí, mejor por amor al arte y diversión, lo de forrarme con mi hobby será para la próxima vida, cuando me reencarne en ameba. 

20- ¿Tras un cocido... silbas o toses?
Después de un cocido soy feliz, la sonrisa se expande, las neuronas se aletargan y siento que soy el ama del mundo; como dije en alguna pregunta anterior, la sopita con sus garbanzos y patata… ¡comida de dioses! 

21- ¿Coche, bici o bus?
Coche, siempre coche, y si además tengo chofer y puedo distraerme en el paisaje, mejor que mejor. La bici para el verano, por el campo y a horas en las que el sol está cayendo.

22- ¿Kamasutra o teleadicto?
   El Kamasutra ya no es necesario desde que ponen imágenes guarras en las páginas de descarga de Internet. Y la tele, para lo que hay que ver, mejor una buena serie (o mi vicio con Youtube) en el ordenador. 

   P.D. Gracias por la entrevista absurda, me lo he pasado genial contestando, pero tengo una petición, ¿cuándo podré devolverte el favor entrevistándote? Por curiosidad.

 

jueves, 23 de mayo de 2013

Lucha por tu familia, Irene Comendador

Ilustración de Nana Bidzinashvili  


La luz del ventanuco me mira con insistencia. Allí tras los barrotes veo volar los pájaros en libertad, contemplo cómo el sol desaparece por las tardes y lo reemplaza una luna llena que me recuerda viejos tiempos, mejores noches, días diferentes.
Tengo miedo a quedarme dormida, sé que si eso ocurre vendrán a por mí, volverán los fantasmas reales de mi pesadilla diaria, sé que buscan un momento de debilidad por mi parte para acercarse y hacer de las suyas.
También tengo miedo a no dormir, estar tan exhausta que llegue a perder la poca lucidez que me queda, la cordura que me obliga a sentirme fuerte por ellas, esperándolo a él con todas mis ganas, suplicando a cada minuto que aparezca por la puerta, como antes, como cuando mi vida tenía sentido y todo era felicidad, como cuando éramos una familia libre.
Hace escasas horas he tenido visita, ellos de nuevo, esos captores que me hacen daño, que me clavan millones de agujas por todo el cuerpo, quizás solo sea una, pero duele hasta las entrañas, hasta el mismísimo centro de mi corazón. Luego, sin mi consentimiento empieza la tortura, me tocan por todas partes, siento sus manos en mis brazos, por las piernas, los pies; llegan hasta mis partes más íntimas y hacen su trabajo, despojándome de toda dignidad. Antes gritaba cuando sucedía, intentaba resistirme clavando las uñas en su piel, mordiendo su carne si se acercaban demasiado, revolviéndome como vulgar lagartija sobre la cama, pataleaba, gruñía, bramaba, pero lo único que conseguí en respuesta fueron las ataduras que ahora adornan mis tobillos y mis muñecas. Duelen, duelen mucho, han marcado mi piel con rozaduras que de vez en cuando se ampollan, se hinchan y terminan por infectarse. Después llegan los pinchazos y vuelven las botellas de líquido extraño a colgar sobre el cabecero, con cables transparentes que se dirigen a mi torrente sanguíneo y me infectan el organismo con a saber qué diabólico veneno.
He comprobado que son más delicados si me quedo quieta cuando me tocan, no por ello hacen caso a mis súplicas, ni siquiera parecen oírme, siguen con su tarea de profanar mi cuerpo y convertirme en un trapo viejo en el que pueden limpiar sus manos cuando les place.  
En una ocasión, mientras sobaban mis pechos con brío, perdí el control y de mi boca salieron insultos e improperios que jamás creí pronunciaría, me convertí en un demonio, los maldije a todos ellos, deseándoles la muerte más dolorosa y atroz. En respuesta pronunciaron el nombre de mis niñas, como una advertencia.
Jamás he vuelto a decir ni una palabra, soportaría cualquier suplicio y vejación con tal de que a ellas no las tocaran, estaría días sin comer ni dormir, sintiendo sus manos dentro de mí, si supiese que mis hijas están a salvo. Nadie me lo garantiza, pero al menos, he de pensar en ellas y dejarme hacer por si cumplen su amenaza.
Ayer permitieron a mis hijas venir a visitarme, parecían confundidas, como si verme atada a esta cama fuese algo normal, como si mis negaciones y mi falta de sueño autoimpuesta fuese por gusto. Si ellas supiesen que solo intento cuidar de sus vidas…
Mis dos pequeñas no entienden a su edad por lo que estamos pasando, no me atrevo a preguntar dónde las tienen metidas cuando no están conmigo, es más, no quiero saberlo, parecen sanas, felices en su ignorancia y con eso me basta.   
Ha veces pierdo la cabeza y me dejo llevar por el subconsciente, a veces dejo que los ojos se cierren un segundo y se apoderen de mí las sombras. Ahí es cuando todo mi mundo cambia, vuelvo a recordar las mañanas con tostadas y mermelada, el beso de despedida de mi Teo al irse a trabajar, los preparativos y los sándwiches de queso en las tarteras para el colegio, el cepillado de las largas melenas de mis pequeñas, mis ángeles en la tierra. Las imágenes parecen tan reales que tardo unos minutos en cobrar consciencia y darme cuenta de que sigo aquí encerrada, atada, a veces amordazada como un perro.
No sé si hoy dejarán que Mila y Elena vengan a verme, las visitas suelen ser cortas e insuficientes, ellas hablan de trivialidades mientras yo las miro con intensidad, sin pronunciar palabra, sin decirles nada. Les transmito todo el amor que puedo con la mirada, acaricio despacio sus manitas e intento no llorar al ver la situación en la que estamos sumergidas, calmo sus almas torturadas con suspiros cuando se acercan a darme el beso de partida. Alguna vez las he visto llorar, quieren una explicación a mi comportamiento, a mi mutismo, pero ellas no entienden que si hablara lo más mínimo podría escaparse de entre mis labios algún detalle de nuestro cautiverio, podría pedirles que intentaran escapar cuando les fuese posible, exigiéndoles que corrieran lejos, que se olvidaran de mí, que buscaran ayuda de cualquier extraño; pero eso no es posible, solo son dos niñas pequeñas guardadas por muros gruesos custodiados por dementes y carceleros. Podrían hacerles daño si lo intentaran, solo de pensarlo se me hielan las venas y mi garganta se cierra.
Encontraré la manera de salir de aquí, de llevarlas conmigo a un lugar seguro, intentaré urdir un plan de escape, algo que nos permita volver a casa.
Esta mañana me han sacado de mi celda cubierta únicamente por una sábana blanca y atada a mi camilla como de costumbre. He recorrido varios pasillos, cruzándome con más gente que parece estar en mi misma situación, cautivos en este lugar en contra de nuestra voluntad. No sé qué clase de aberraciones sufren el resto de secuestrados, tampoco quiero saberlo, con mi batalla personal ya tengo más que suficiente.
Al llegar a una sala excesivamente iluminada me han metido en un tanque enorme, donde un ruido ensordecedor ha perforado mis tímpanos con inquina, luces cegadoras me hacían parpadear, varios cables conectados a mi cuerpo daban pequeñas descargas eléctricas provocando que mis lágrimas se derramaran mojándome el pelo y la tela bajo mi cuerpo. Desconozco cuánto tiempo me han tenido allí metida, pero ha sido bastante; mis piernas ya se habían dormido cuando una mujer con máscara en la cara me ha empezado a clavar agujas en el estómago.
Hablan entre ellos pero no logro comprender lo qué dicen, palabras que nunca había oído se cuelan en sus conversaciones encriptadas; hablan de muerte, de enfermedad, de tratamientos, pero sigo sin comprender qué tienen que ver conmigo todas esas cosas.
He intentado poner orden dentro de mi caos, pensar el por qué de su comportamiento. ¿Buscan algo dentro de mi cuerpo? ¿Ensayan con él? ¿Acaso soy el conejillo de indias de alguna droga? Pero entonces me acuerdo de sus visitas, como cuando me dieron la vuelta en la cama y penetraron mi trasero sin contemplaciones, provocando sangrados que duraron días de sábanas mojadas. Recuerdo todas las veces que me tocan, siempre a la misma hora, personas diferentes pasando sus manos por mi piel pálida y temblorosa. Y pierdo el hilo de mis pensamientos, dejo de buscar el motivo y me concentro en el dolor y la pérdida.
Aún guardo mi secreto sin confesar, no sé cómo contárselo a mis hijas, ellas han notado que su padre ya no está y presienten que algo malo le ha pasado. De momento confían en mí y no han preguntado al respecto.
Son demasiados días sin verlo, demasiadas horas sin contemplar su cara, sin recibir sus besos… Con él todo esto era más llevadero.
Estoy segura de que lo han matado, cada vez que me atrevo a preguntar a mis captores me miran con condescendencia, me explican con la mirada que jamás lo volveré a ver, me aseguran sin abrir la boca que será mejor que deje de preguntar si no quiero que mis hijas corran la misma suerte, y entonces, me callo. Dejo salir las lágrimas mudas y cierro los ojos con fuerza hasta que terminan de tocarme.
Pero ha llegado el día, Mila y Elena tienen que saber la verdad, se lo intentaré explicar de la mejor manera, me inventaré cualquier excusa que justifique la ausencia de su padre. No quiero que piensen que nos ha abandonado por voluntad propia en este infierno, no quiero que tengan esa impresión del hombre que más las ha amado en el mundo, él no merece ese recuerdo de sus adoradas hijas.
Las bisagras de la puerta chirrían y veo pasar a mis princesas, una de ellas viste una falda larga que cubre sus piernas, me dan ganas de pedirle que muestre su piel bajo la tela, quiero comprobar que las marcas que yo tengo no adornan también su cuerpo, pero me contengo. Hoy hay una conversación más importante, hoy sabrán la medio verdad que he guardado todo este tiempo.
— Mamá, tienes mejor aspecto— dice Mila, la mayor de ellas, la tristeza en sus ojos revela que miente.
Pasa la mano por mi pelo, una caricia, ladeo la cabeza para encontrarme con su palma en la mejilla; quiero su contacto, quiero que sepan que aún estando incapacitada, lucho por ellas.
— Nos han dicho que hoy traerán una comida que te gusta, espero que dejes el plato limpio, estás muy delgada y hay que recuperar fuerzas— esta vez es Elena la que habla.
Esa insufrible comida, porquería que no vale ni para los cerdos. Omito el pensamiento y sonrío lo que puedo.
— ¡Una sonrisa! Bien, parece que hoy estamos de buen humor, así me gusta, pronto nos dejarán irnos a casa.
Ese comentario hace que mi gesto se endurezca sin querer, la pena y el sufrimiento afloran por mi piel, neutralizando el escaso brillo de mis ojos.
“Es ahora o nunca” Pienso.
— Tengo que hablar con vosotras de algo importante.
Las dos me miran con atención, se han sorprendido mucho y abren los ojos expectantes, incluso a mí me ha sonado rara mi voz después de tanto tiempo sin usarla.
Se acercan un poco más a la cama y me agarran con fuerza de las manos, me animan a seguir hablando, contando mi historia.
— Mis pequeñas… tengo que confesaros un secreto que llevo guardando estos últimos días— espero que sus cabecitas se preparen para lo que tengo que contar, aunque soy consciente de que jamás estarán preparadas para tal desolación—, es referente a vuestro padre.
Mis hijas me miran extrañadas, pero siguen calladas para no interrumpirme. Decido soltarlo directamente, alargar la espera será mucho peor. Después tendré que consolar sus corazones destrozados para que entiendan que no están solas, yo sigo aquí.
— Como habréis notado, hace unos días que vuestro padre no viene por aquí; no nos ha abandonado, simplemente ha tenido que partir a un viaje muy largo del que no va ha volver. Los mismos hombres que nos tienen aquí retenidas se lo han llevado en contra de su voluntad. Él opuso resistencia todo lo que pudo, intentó quedarse a nuestro lado, pero no lo consiguió.
Elena intenta hablar y corto sus palabras, sé lo que va ha preguntar y no quiero que lo haga, no quiero que tenga dudas sobre el amor que Teo les ha dejado en vida, no quiero que piensen que no fue valiente, luchador, que no intentó por todos los medios seguir con nosotras, seguramente ha dado su vida para que tengamos una oportunidad en la nuestra.
— Hace escasos cinco días, papá se ha ido al cielo para no volver. Pero nos protegerá desde donde esté y cuidará de nosotras, conseguiremos volver a casa y ser una familia unida de nuevo, os lo prometo. No pienso dejaros aquí encerradas para siempre. Da igual lo que quieran hacer con mi cuerpo, lo que quieran meter en mi mente, yo tengo la cabeza fría y encontraré la manera de que esto funcione, os lo prometo.
Después de decir mi última palabra me doy cuenta de que conté más de lo que quería, pero el daño ya está hecho, tienen que crecer y ser conscientes de que esto no son unas vacaciones. Nos tienen secuestradas y no sé cuánto más aguantaré la situación antes de que sean ellas las que ocupen mi lugar.
Mila y Elena se miran entre ellas, sus ojos se han puesto tristes, reflejan decepción.
Se dan la mano en señal de complicidad y me miran con ternura.
— Mamá, no estamos aquí recluidas, esto es un hospital. Estás enferma y los médicos intentan encontrar una cura a tu enfermedad. Papá hace más de diez años que nos abandonó, ¿recuerdas? ¿Recuerdas haber ido a su funeral, mamá?
— Mamá, mañana vendremos con tus nietos, verás cómo te alegra verlos tan grandes. Ellos están deseando verte, incluso han hecho unos dibujos preciosos con las flores que más te gustan. Pronto todo pasará y volveremos a casa. Ya lo verás.