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martes, 23 de abril de 2013

LOS DESCONECTADOS


Hola querido lector.
Me llamo Gloria y pertenezco a Los Desconectados.
Llevo tres días escondida en el cuarto de las fotocopiadoras del sexto piso del edificio donde trabajo. Tiene un amplio ventanal por el que he visto tres preciosos amaneceres. Tengo agua, café, leche en polvo, azúcar y galletas para un par de meses pero, no dispongo de tanto tiempo.
Todo empezó hace tres años, cuando una compañía lanzó al mercado una aplicación para chatear con el teléfono móvil. En este tiempo es famosísima pero, posiblemente, cuando leas estas líneas el nombre Whatsapp no te dirá nada o quizás haya pasado a la historia como algo que en realidad no fue. Por eso, quiero contarte toda la verdad.
En la oficina los dos más frikis de la planta se compraron un Android. Bajábamos al desayuno y se les veía sonriendo mirando la pantalla de su teléfono y tratándolo con tanto cuidado que parecía que tuvieran su delicada alma entre las manos. El resto seguíamos con nuestras charlas o bromas, pero ellos se quedaban como aletargados. De pronto se reían y les preguntabas qué pasaba y siempre te respondían “es que como no tienes whatsapp, no te enteras de nada”. Poco a poco el resto de mis compañeros fueron comprándose otros móviles porque la gente de esta sociedad no soporta la marginación y el no poder whatsappear se estaba convirtiendo en eso, una marginación. Yo fui la única que me mantuve al margen. Siempre me ha gustado la canción de Alaska de
A quién le importa lo que yo haga,
a quién le importa lo que yo diga,
yo soy así, así seguiré,
nunca cambiaré

Así que, mantenerme fuera de este asunto no fue demasiado duro. Sé que me perdí muchas cosas y risas pero, a veces, me parecía asombroso verles pegados a su aparatito todo el santo día mientras el tiempo y la vida pasaban a su lado sin que le dedicaran ni una sola miradita.
Esto mismo pasó en todos los entornos. Ibas al mercado y se veía a las señoras mayores con su móvil en las manos, esperando un tutitú mientras pedían un kilo de carne picada, o el frutero tardaba el doble en atenderte porque entre pesada y pesada tenía que mirar el móvil para ver lo que el pescadero acaba de decirle sobre el cliente que tenía. A la salida de los colegios había corrillos de niños con sus teléfonos en mano leyendo y soltando alguna carcajada o improperio de vez en cuando. Por la calle podías ver a gente haciendo fotos a un escaparate y paseando el dedo por la pantalla para decirle a un amigo que en tal tienda tenían la colonia X de oferta. En las terrazas la gente fotografiaba la caña de cerveza y la tapita para dar envidia a sus amigos, que a esas horas seguían trabajando. Incluso llegué a ver varias veces al hombre del tiempo de la TVE1 mirando el móvil  mientras daba el pronóstico, porque no podía esperarse 10 minutos a leer el mensajito de whatsapp que alguien le había enviado. La gente se volvió loca. Todo el mundo quería un móvil de última generación con pantalla táctil extragrande para poder parlotear y parlotear.
Llegó un momento en que quedar con la gente se volvió algo sin sentido. Se sentaban 4 o 5 personas entorno a una mesa, sacaban sus teléfonos, los situaban en la mesa a mano y, poco a poco, iban cayendo cada uno de ellos en la tentación de ponerse con el Whatsapp. Antes de que pasaran 10 minutos, cada uno de ellos estaba hablando con otra persona no presente y, a la vez, estaba poniendo mensajes en el grupo en el que estaban incluidos el resto de los de la mesa.
El primer día en que verdaderamente saltaron las alarmas, fue cuando apareció una noticia en la que se decía que la gente había empezado a encastrarse en la palma de la mano el móvil mediante una carísima operación que se realizaba en algún que otro hospital privado. La llamaban telefonoinjerto. Esto te permitía tener el teléfono siempre a mano y no tener que preocuparte en cargarlo, ya que mediante un conector incrustado bajo la piel de la muñeca, el móvil chupaba la energía del propio cuerpo. No tenía efectos secundarios y el mismo día de la operación podías irte a tu casa con el móvil perfectamente activo, o eso es lo que decían. El programa había conquistado a gentes de todos los niveles adquisitivos, condiciones y creencias. De hecho, en los países en que los que las elecciones políticas estaban cercanas, todos los grupos políticos prometía en su campaña electoral “operaciones gratuitas de telefonoinjertos”. 
En el trabajo, como era de esperar, fueron apareciendo poco a poco cada vez más con su móvil insertado en la mano. Yo dejé de bajar al desayuno porque era la única que mantenía la cabeza en alto (el resto siempre tenían la vista clavada en la mano).
En poco tiempo aparecieron miles de asociaciones a favor de la operación y, curiosamente, muy pocas en contra. Era difícil encontrar grandes detractores que tuvieran la fuerza y astucia suficiente como para formar un grupo de presión.
En ese momento fue cuando lo vi claro, tenía que formar una asociación fuerte. Me puse a buscar por Internet asociaciones, foros, grupos o lo que fuera, de gente que estuviera en contra de la operación. Me puse en contacto con ellos y empezamos a maquinar y orquestar todo un conjunto de acciones en plan Resistencia. Creamos una red de gente afín a nuestros ideales a la que denominamos Los Desconectados.
Hace cinco meses empezó la hecatombe. Alguna empresa vendió al gobierno norteamericano una aplicación para obtener información (sin necesidad de autorización) de los móviles insertados. En todo momento podían saber dónde estaba una persona, con quién se relacionaba y de qué temas le gustaba hablar. Pero, no solo eso, como el móvil era ya parte de su cuerpo, podían sacar analíticas completas de él: colesterol, presión arterial, si se metía alguna droga o si tomaba medicamentos, incluso, datos de su estado anímico. Y, lo más importante, podían obtenerse vídeos con audio y todo, ya que las imágenes que pasaban por el cerebro podían ser capturadas.
En un mes más, el tema fue más lejos aún y consiguieron emitir sencillas órdenes al cerebro del telefonoinjertado. Esto fue un descubrimiento para todos los gobiernos. Representaba el control absoluto de sus pueblos.
Hubo una conferencia secreta a nivel mundial de los jefes de gobierno de los países más ricos o influyentes y todos convinieron en la creación de un fondo especial de dinero para poder sufragar el gasto de imponer el telefonoinjerto a toda la población.
Crearon un plan de contingencia. Un mes para recaudar los fondos necesarios (recaudación de fondos). Un mes para dotar a todos los hospitales y centros de salud, públicos y privados, de la tecnología y conocimiento necesarios para realizar la operación (dotación de centros). Un mes para que la gente acudiera a estos hospitales y se realizara la operación (periodo de voluntariedad). Tras este tiempo, se redactaría en cada país la Ley de Telefonoinjerto, en la cual se declaraba como obligatorio el uso y disfrute del telefonoinjerto. Todo aquel que no tuviera un móvil en su cuerpo, sería perseguido como si de un criminal se tratara, por considerar que tenía asuntos sucios de los que no quería informar al Estado.
Al entrar en vigor la Ley de Telefonoinjerto, en los telediarios empezaron a salir todos los días eslóganes del tipo “Si conoces a alguien sin el móvil en su cuerpo, no te acerques a él. Posiblemente sea peligroso y hasta puede ir armado. Avisa a la policía lo antes posible”.
Aquello se convirtió en una cacería de brujas. Las personas mayores fueron las primeras en caer. O no veían el telediario o “ya no estaban para estos trotes” y sentían horror a someterse a una operación de cualquier índole. Tras esto se persiguió a gente rica e importante que, por los negocios turbios que les habían enriquecido, no tenían ninguna gana de que el Estado metiera las narices en su vida. Algunos políticos y gente que ocupaba cargos importantes en el clero también se resistieron. Artistas que tenían cuentas en paraísos fiscales, deportistas con sueldos astronómicos o jóvenes que pertenecían a movimientos izquierdistas también estuvieron en las listas negras de persecución. Estas personas eran capturadas, operadas y devueltas a sus entornos, como si fueran aguiluchos a los que se captura para marcar y se les libera de nuevo para poder hacer un seguimiento de ellos.
Teóricamente, volvían a sus vidas normales y no había represalias. Pero, curiosamente, sus actitudes cambiaban en pocos meses… siempre a favor del Estado.
Los Desconectados conseguimos tener varios pisos francos y una ruta de escape hacia África, donde, gracias a que en muchos países aún no se han instalados las redes necesarias, sabíamos que esta dominación no llegaría.
Hoy en día tenemos médicos que nos hacen una operación en la cual se simula la inserción del móvil en nuestras manos, pero no llegan a conectarlo al cuerpo. Tenemos que cargar el móvil como antiguamente, pero está dando un buen resultado y nos da el tiempo suficiente como para escapar o preparar la salida de algún compañero.
Hemos conseguido liberar a miles de personas. Son libres e independientes. Nadie domina ni su pensar ni sus actos. Viven en algún lugar del continente africano, bajo las arenas del desierto que no puedo desvelar por escrito para protegerles.
Para mi desgracia, el otro día alguien dio un soplo sobre mi estado de desconexión. Mi foto ha salido en muchos medios de comunicación de este país y de otros varios, por lo que me han dicho. He roto toda comunicación con Los Desconectados. Solo me queda terminar este escrito y esconderlo bien para que tú, mi futuro lector, sepas que hubo un reducto de gente que no quiso ser dominado y luchó con cada gota de su sangre por ti.
Mi querido lector, no puedes ni imaginarte todo lo que daría por verte y saber de ti. Me encantaría poder contarte todo esto de viva voz y que tú me contaras cómo es la vida en el momento en que estás leyendo esto, pero hoy es mi último día de vida y no podremos conocernos. Espero, de todo corazón, que seas libre de pensamiento y obra. Si lo eres, no nos olvides y transmite nuestra existencia. Nosotros plantamos la simiente de la libertad para que vosotros, hijos de nuestros hijos, pudierais ser felices.
Estoy muy orgullosa de lo que he hecho. No me arrepiento de nada y no cambiaría nada. Recuerda, mejor morir libre que vivir controlado.

Un abrazo enorme,
Gloria.

sábado, 16 de marzo de 2013

HUMANO 702.8

Ilustración: Carlos Rodón

Zeus despertó sobresaltado con la llegada del nuevo día. Se estiró lentamente, carraspeó un poco y sonrió al girar la cabeza y ver junto a él a la hermosa ninfa Calisto.
Ella seguía dormida cuando él comenzó a tocarle la cara. Tenía que tener cuidado para que Hera no la descubriera demasiado rápido, pero, por lo demás, se relamía al recordar la noche de pasión que habían pasado.
Calisto despertó en ese instante y le miró con cara picarona.
- Buenos días, grandullón.
- Hola Preciosa.
- Uhm... he tenido un sueño... - dijo mientras se llevaba un pequeño mechón de cabello a la boca - delicioso.
- ¿Me lo cuentas? - la profunda voz de Zeus se volvía casi un arrullo cuando amanecía junto a alguna de sus bellas acompañantes.
- No sé... si te lo cuento, no se cumplirá – rezongó Calisto acariciándole la pantorrilla con sus pies.
Zeus se incorporó un poco y comenzó a hacerle cosquillas. Las risas revolotearon por todo el Olimpo. Hera iba a oírles, pensó Zeus.
- Sshhhhhhiiiiiiiiissssss venga, no seas tontorrona... que soy Zeus. Sea lo que sea, puedo concedértelo.
- Uhm... qué tentador - Calisto sonrió a Zeus y, poniendo la voz más dulce y embaucadora que pudo, le dijo – he soñado que creábamos un ser bondadoso y feliz.
- JA JA JA ¡qué complicado!, ¿no? - y atrayéndola hacia él, continuó - podemos probar...
No salieron de la cama durante todo el día. Hicieron un repaso de todo el repertorio de posiciones amorosas que podrían pasar por la mente de cualquiera. El resultado positivo fue que 9 meses más tarde Calisto dio a luz a Arcas. El resultado negativo fue que Hera se enteró y condenó a Calisto a ser una tremenda osa tras el alumbramiento. Zeus, tratando de salvar la vida de Arcas, lo envió a la Tierra como hijo de un joven matrimonio que celebraba su luna de miel en Honolulú. Evidentemente, los padres de Arcas nunca supieron de toda esta intriga divina y, para ellos, todo fue de lo más normal.
Desde pequeño, Arcas destacó y sorprendió por su bondad. Cuando los niños se metían con el gafotas de la clase, él lo defendía. Cuando otros arrancaban las antenas a las hormigas para que se enzarzaran en duras peleas o las quemaban con lupas, él las alimentaba con migas de su merienda. Cuando unos se gastaban su dinero en chuches, él ahorraba y le compraba un bocadillo al mendigo del barrio. Y así fue creciendo sano, fuerte y feliz. Cuando tuvo que elegir la carrera universitaria, se lanzó de cabeza al Trabajo Social. Esto le permitió trabajar estrechamente con colectivos marginados y, lo que más le gustaba y llenaba, ayudar al prójimo.
En cuanto consiguió juntar algo de dinero, montó un comedor para gente sin recursos. La ayuda la conseguía de subvenciones y de una web “mercadillo” que montó por Internet.
Y así llegó el día en que...

------ o ------

En el laboratorio 3 del asteroide 121 Hermione, el Doctor Samuel Doce acaba de dar por finalizado su informe. Lleva varios lustros estudiando al ser humano y hasta ahora no había considerado que jugasen con fuego. Sin embargo, en la última versión Humano 702.8, su sensación ha virado completamente de rumbo. Han sustituido la fimbria del hipocampo por un conjunto de células que parecen devorar todo tipo de sentimiento piadoso o benévolo. El resultado ha sido un ser humano que disfruta con cada conducta destructiva llevada a cabo.
En la primera prueba, le dieron un pequeño mamífero suave y, teóricamente, atractivo a su vista. Inicialmente, el sujeto lo tomó entre sus brazos y lo acunó tiernamente (lo que les hizo pensar que todo había sido un fracaso). El mamífero dio señales de estar a gusto y confiado y, justo en ese instante, 702.8 le retorció despacio el cuello entre sus manos, sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos, hasta que dejó de respirar.
En la segunda prueba, descubrieron que el nivel de supervivencia había descendido por debajo del nivel de autosatisfacción. Fingieron un ataque al laboratorio. El sujeto no trató de salvarse, sino que, aprovechando el caos reinante, mató a todos los científicos (clones sin valor alguno) y cada muerte ocasionada, le generó un orgasmo de placer.
Hicieron más pruebas con esta versión, perdiendo incluso algunos ejemplares en el intento. Siempre llegaban a la conclusión de que todos sus actos iban encaminados a la autosatisfacción por encima de todo.
Samuel se sentía expectante. Habían dado con la naturaleza puramente destructiva del ser humano y, al día siguiente, comenzarían la prueba de carga. Tenían un ejemplar cigoto para insertarlo en el núcleo de experimentación 124, también llamado, Tierra. La idea era seguir todo el ciclo de vida del mismo, desde el nacimiento hasta su muerte, y ver su incidencia en el ecosistema terráqueo (en equilibrio desde hacía centenas de años y solo alterado puntualmente).
Durante uno de los periodos de descanso del planeta, inseminaron a una hembra humana con el cigoto y esperaron.
Desde el principio, el ejemplar de humano 702.8 dio muestras de no menos del 69% de su potencial destructivo. El embarazo fue complicado y ni siquiera llegó a las 40 semanas de gestación. La hembra humana elegida como madre se suicidó a los pocos meses de dar a luz a una bonita niña a la que llamó Nerea. En la Tierra el hecho se recogió como un accidente fruto de lo que llamaban depresión postparto, pero en el laboratorio tenían claro que el detonante había sido Nerea. Samuel apuntó en sus notas:
“La versión Humano 702.8 en su etapa más temprana es capaz de acabar con la vida de otro ser humano usando simplemente el llanto. El humano materno se vuelve inestable ante ambientes ruidosos, falta de sueño y aislamiento del exterior, llegando a preferir la falta de existencia”
Nerea fue creciendo y cada etapa nueva que comenzaba, estaba marcada por el dolor-placer... el dolor que ocasionaba a los que la rodeaban y el placer que a ella le producía esto. Su padre se había convertido en alcohólico cuando ella tenía unos 3 años. A los 14 le había convertido en amante suyo y, luego, lo maltrató psicológicamente por lo horroroso que resultaba un padre acostándose con su hija.
Samuel apuntó:
“La versión Humano 702.8 no siente apego por sus progenitores, llegando a copular con ellos sin importarle las complicaciones que genéticamente podría producir una descendencia de este tipo”
A los 16 tuvo un novio que terminó muriendo por mezclar drogas con coches. Un accidente, dijeron... pobre Nerea, dijeron...
Samuel apuntó:
“La versión Humano 702.8 es capaz de idear complicados planes de destrucción de un solo objetivo, pudiendo llegar a usar dicha destrucción en su favor”.
Y así llegó el día en que…

------ o ------

- Es curioso el enredo que estás montando – dijo Yeiayel.
- Es divertido, ¿verdad? El otro día estaba curioseando en las distintas dimensiones que tengo a mi cargo y la Tierra se había convertido en algo demasiado predictivo y aburrido. Mira que les tengo cariño, pero chico... qué aburridos que se estaban volviendo – le contestó Vehuiah.
(clack)
- Te toca.
- Uhm... ¿quieres acorralarme aquí o qué? – dijo Yeiayel.
- Ja,ja,ja no estaría mal, pero seguro que no te dejas – comentó Vehuiah - Entonces, ¿te gusta la que se está montando?
- No lo sé. Tiene pinta de que va a acabar mal. Nerea parece muy poderosa. Has metido a los científicos del asteroide 121 Hermione y... no sé... ellos van varios lustros de evolución por delante de los terráqueos. Creo que Arcas no tiene mucho que hacer. Ya sabes que creo que el ser humano es malo por naturaleza - dijo Yeiayel.
(clack)
- Uhm, buena pieza. No empecemos de nuevo con ese tema. Sabes que no me gusta. Arcas tiene sangre divina. Vencerá sin problemas.
- Ja,ja,ja... pero, ¿te estás escuchando? Venga... estaba contigo el día que creaste a Zeus y su Olimpo, ja,ja,ja. Son cuatro mindundis... si supieran lo que les rodea, se les caería el alma al suelo – Yeiayel miraba atentamente la pieza de dominó que tenía su amigo en la mano mientras intentaba distraerle con su cháchara.
(clack)
Vehuiah coge una de sus fichas y cuando la va a colocar levanta la mirada hacia Yeiayel y le dice:
- ¿Quieres que hagamos una apuesta?
(clack)
- ¿Una apuesta? ¿Estás de coña? Ya sabes cómo son los humanos.
- Precisamente por eso. Quiero demostrarte que son buenos por naturaleza.
- Venga ya... si no fuera por varias de tus intervenciones habrían desaparecido hace ya mucho tiempo.
(clack)
- Pequeños accidentes
(clack)
- Ja,ja,ja… ya, claro...
(clack)
- Bien. Si consigo que Nerea haga un acto de bondad infinita, reconocerás que los humanos son buenos por naturaleza y no volveremos a tocar este tema. Y si tú consigues que Arcas saque a relucir su verdadera naturaleza (según tú, malvada), ganarás tú... ¿qué quieres a cambio?
(clack)
- Mierda, no puedo poner ficha - Yeiayel lleva perdiendo en la última ronda toda la eternidad frente a Vehuiah - Si gano yo, empezaré todas las partidas de dominó.
- Trato hecho. Aunque perderás igualmente ja,ja,ja.
Vehuiah y Yeiayel se ponen de pie y se dan un apretón de manos para cerrar el trato.
- Ya veremos - dice Yeiayel.
- Mi última pieza, amigo. Gano.
(clack)

------ o ------

Arcas se levantó a las 6:15 de la mañana, como hacía todos los días de diario desde hacía 10 años. Se vistió con su chándal y se dispuso a revisar su agenda del día.
Hoy tenía comprometidas varias visitas:
·      A las 9:00, ir al asilo a charlar un rato con Ramón, que llevará despierto desde las 4:00 de la mañana.
·      A las 12:00, a la Iglesia de San Camilo para recoger las donaciones de comida y ropa mensual de los feligreses.
·      A las 14:00, a servir comidas en el comedor. Hoy es lunes, y los lunes siempre va más gente.
·      A las 17:00 visita al hospital. Hay un nuevo ingreso de un hombre con el espíritu más destrozado que el hígado alcoholizado que lleva dentro (Sergio). Posiblemente no pase de esta noche.
Hacia las 19:00 esperaba estar en casa de nuevo para poder poner al día los temas de la web porque llevaba una semana sin tocarla y tenía pendiente enviar varios mails de agradecimiento y otros tantos de solicitud de ayudas. Total, que desayunó fuerte y, a las 8:30 ya iba camino de su primera cita.
Todo fue más o menos rutinario, todo salvo el encuentro con Sergio. Arcas no se sorprendió de su historia, aunque como siempre, le hizo una muesca más en el corazón. Trató de contagiarle la esperanza y de curar alguna de las heridas que tenía en el alma para que su partida fuera lo más en paz posible. El hombre le contó lo mucho que amaba a su mujer Rocío y cómo esta había muerto trágicamente a los pocos meses de dar a luz. Le contó lo complicado y horrible que había sido la crianza de su hija Nerea, le contó cómo empezó a tontear con la bebida y cómo terminó acostándose con su niña. Arcas lloró por dentro ante cada uno de estos pasos y, al final, abrazó a Sergio mientras este expulsaba su último suspiro.
Fue justo en ese instante cuando una belleza castaña entró por la puerta de la habitación.
- Oh, papá... papá... no... no me dejes...
La chica entró corriendo y se tiró encima de la cama, totalmente arrebatada en lágrimas. Arcas soltó a Sergio al ver cómo la chica se le venía encima como si fuera la ola de un tsunami.
- papá... noooooo... papá
Pasados 15 minutos de lloros y ruegos para que Sergio no la dejara sola, Arcas se dirigió a la chica.
- Por favor, no llores más. Ha muerto tranquilo y en paz. Por favor... ¿Nerea?
En verdad Sergio tenía una sonrisa en su cara. La chica miró la cara de su padre y luego miró a Arcas. Se secó las lágrimas y le dijo:
- ¿Quién eres?¿qué hacías con mi padre?
Arcas le contó que a veces ingresaban en el hospital a alguna persona moribunda y que, por diversas razones, no conseguían dar con ningún familiar o conocido, y le llamaban a él para acompañarles en sus últimos momentos.
Estuvieron hablando durante horas. Hablaron de Sergio y hablaron de Arcas. Cada vez que intentaban hablar de ella, cambiaba de tema con alguna sonrisa o algún gesto puramente femenino que desarmaba a Arcas y le hacía caminar hacia donde ella quería.
Así, y con algún toque de Vehuiah y Yeiayel, que estaban de acuerdo en que los dos humanos estrecharan sus lazos, lo que comenzó siendo una cita extraña, terminó siendo una relación amorosa.
El doctor Samuel estaba asombrado. Nerea llevaba varios meses sin hacer el mal. No hacía el bien, pero, al menos, no había destruido ninguna vida más. No tenía claro si el nuevo elemento, al que había llamado macho Alfa, había ejercido un cambio conductual o si simplemente todo era parte de un plan meticuloso y paciente por parte de Nerea.
Samuel apuntó:
“El macho Alfa parece ejercer un efecto sedante y relajante sobre el Humano 702.8, que ha dejado de lado su naturaleza destructiva”.
Vehuiah empezaba a frotarse las manos. Se sentía ganador.
- Yeiayel, ve preparándote. Vas a ser mi segundón de por vida, ja,ja,ja - Vehuiah se metía con el otro dios.
- Tiempo al tiempo, compañero. Tiempo al tiempo.
Arcas había empezado a levantarse cada día un poco más tarde. Dormir junto a Nerea era tan delicioso, le producía tanto placer abrazarla y sentirla tan cálida junto a él, que cada día le costaba un poco más separarse de ella. Las citas ya no le parecían tan importantes. Su agenda empezaba a tener muchos agujeros
·               A las 12:00, ir al orfanato a ver a no sé quién para algo de libros.
·               A las 15:00, ir al comedor a ayudar a recoger... si me da tiempo.
·               A las 20:00, ir a la farmacia a por unos medicamentos que nos ha donado Vicente
Todos los huecos eran perfectamente taponados por Nerea. Ella era ahora su mundo. La web comenzó a no generar casi ingresos. Se le olvidaba dar las gracias a unos y a otros podía llegar a dárselas 4 o 5 veces y, normalmente, para cuando pedía la subvención de la fundación correspondiente, la fecha límite ya había pasado. Pero, no le importaba... nada importaba mientras tuviera a Nerea al lado.
El doctor Samuel apuntó:
“El Humano 702.8 parece defectuoso. Si continua así durante dos etapas más, sería recomendable traerla al laboratorio para hacerle análisis y una serie de test de Humphis para comprobar su estado.”
Yeiayel le comentaba a Vehuiah:
- Pues no lo tengo nada claro. Parece que empieza a equilibrarse la balanza de nuevo. Arcas abandona su lado blanco poco a poco.
- Na, esto será una etapa. Está enamorado el chico. En cuanto pase el enamoramiento volverá a su verdadera naturaleza.
Pero, Vehuiah comenzaba a preocuparse. Algo raro estaba cociéndose en todo esto. Nerea era demasiado opaca. No conseguía ver en su interior, cosa que le resultaba muy curiosa, porque él era el llamado “Dios elevado y exaltado por encima de todas las cosas”. Por encima de todas las cosas significaba que no podía equivocarse y aquí, algo no le cuadraba.
Pasó el tiempo y Arcas entró a trabajar en un banco. Su trabajo consistía en dar malas noticias a la gente. A veces, tenía que negarles la concesión de una hipoteca, a veces tenía que notificarles el embargo de su casa, a veces tenía que decirles que tenían la cuenta en números rojos y que si no pagaban ese mes, tendrían una multa. Hacía tiempo que su felicidad se había evaporado y con ella se habían ido su esperanza y su positivismo. Se había convertido en una especie de zombi aletargado, con una única razón para vivir... Nerea.
Fue terriblemente fácil para Nerea consumar su último acto. Su naturaleza así lo dictaba. Una hora antes de que Arcas llegara a casa, llenó hasta la mitad la bañera con agua tibia y echó los pétalos rojos de 12 rosas. Apagó la luz y encendió 10 pequeñas velas que daban un ambiente totalmente apacible al baño. Se desnudó, cogió la cuchilla de afeitar de Arcas y se metió en la bañera. Una sonrisa se dibujó en su cara mientras se hacía un corte (que le pareció precioso) en cada una de las muñecas. Sumergió los brazos en el agua y se dedicó a pensar y regodearse en la escena que contemplaría Arcas al llegar a casa.
Cuando Arcas llegó a casa y descubrió el cuerpo de Nerea en la bañera, sintió que los pulmones no le daban de sí. No querían funcionar... le faltó el aire... un fuerte dolor comenzó en su pecho y se fue irradiando hacia los brazos y los hombres. Cayó al suelo y fue arrastrándose con un brazo mientras con el otro se apretaba en el esternón hasta llegar a la bañera. Consiguió alzarse hasta ver la cara de Nerea... lo último que vio fue la su mirada... Nerea abrió los ojos unos segundos para verle boquear y comenzó a reírse horriblemente hasta terminar jadeando en un orgasmo, mientras el alma se le escapaba entre los labios a los dos.
------ o ------

Zeus sigue buscando amantes a escondidas de su mujer Hera y creyéndose el dueño del mundo.
Hera deja que su marido eche alguna canilla al aire de vez en cuando y, luego, idea torturas horribles para sus amiguitas.
Calisto llora por su triste destino en el cielo convertida en Osa Mayor tras su muerte.
Samuel hizo un último apunte sobre Nerea antes de continuar con sus investigaciones sobre el ser humano:
“El Humano 702.8 es perfecto. Ha dado positivo a la prueba de carga. Ha elegido la autodestrucción a cambio de la autosatisfacción. Con el número adecuado de ejemplares podríamos romper el equilibrio del planeta Tierra limpiamente”.
En algún lugar del universo, Yeiayel comienza todas las partidas de dominó y, hasta ha conseguido ganar alguna. Vehuiah sigue creando tramas para su divertimento en todas las dimensiones de las que es creador.

miércoles, 20 de febrero de 2013

CON HAMBRE NO SE PUEDE


Enar conducía desde las nueve de la noche. Salió de Vitoria y tenía que llegar a Madrid para dejar su carga en Mercamadrid antes de las 4 de la mañana. Ya eran las doce y media, y había intentado en tres sitios distintos para tomar algo, pero aunque las luces estaban encendidas, los restaurantes siempre estaban cerrados.
Cuando por fin encontró algo, era la una. Se había retrasado una media hora pero tenía un hambre atroz y, o paraba, o las tripas se le saldrían por la boca. El área de descanso donde encontró el bar “El Torreznillo” estaba un poco alejada de la N1, pero era o eso o seguir otras dos horas con ese runrún en el estómago.
Aparcó el camión cerca de la entrada para poder echarle un ojo desde la barra. Con la crisis, lo de robar partes de los bajos de los camiones era el pan nuestro de cada día.
El lugar le había parecido raro desde fuera porque la única luz que despedía era la del letrero de neón, pero al acercarse le dio hasta miedo. No tenía ventanas y la puerta era sospechosamente negra. Solo había otros dos coches aparcados fuera.
- Esto es un puti... seguro.
Iba a darse la vuelta, pero sus tripas se rebelaron. Rugieron. Gimieron. Casi casi susurraron un "Tenemos hambre. Danos de comer o nos saldremos por tu trasero..."
Cerró los ojos, respiró profundo un par de veces y se dijo:
- Está bien, chicas. Vamos a ver qué conseguimos.
La puerta era pesada, chirrió un poco pero se dejó abrir. Surgió una legión de olores a cerveza, humo y perrito caliente, que le agarró y arrastró hacia el interior.
Nada más entrar había una barra a lo largo de la pared de la izquierda. Tenía un par de grifos de cerveza con las típicas gotitas de agua condensada, que dan la sensación de frescor, y algunas fuentes con pipas. Tras la barra había toda una colección de botellas de alcohol, desde marcas blancas baratas hasta grandes y exclusivas marcas. En la parte más cercana a la entrada, había una máquina para hacer perritos calientes.
- Sí, chicas, de ahí sale el olorcillo... - dijo Enar a sus tripas, que habían dado un requiebro a modo de alarma ante la comida.
La barra estaba ribeteada con unas banquetitas rojas con flecos, ancladas al suelo que al acabar de recorrerla, daban un salto hacia el interior de la sala, donde acompañaban a otras mesitas altas dispersas por aquí y por allá.
En la pared de la derecha había una puerta de baños y otra de privado entreabierta por la que se distinguía una escalera que subía. Había algún cuadro con fotos en blanco y negro que no conseguía distinguir desde donde se encontraba.
Al fondo, Enar encontró lo que su intuición le había hecho buscar nada más entrar por la puerta: el escenario.
- ¡Es un puti!, ya lo sabía yo. Bueno, hay perritos calientes para vosotras y espectáculo para mí.
Se sentó en una banqueta a la mitad de la barra. No quería dar la impresión de entrar para ver nada pero, si salía "algo", no quería perderse ningún bonito detalle. Se rio para sus adentros.
- Anda que si al final me vuelvo a Madrid con dulce y todo...
El camarero se acercó mientras secaba un vaso:
- Hola amigo, ¿qué te trae por aquí?
- Buenas. Tengo un hambre que da calambre. ¿Qué tienes de comer?
- Los perritos calientes están recién hechos. Puedes acompañarlos con una ración de patatas, cebolla caramelizada y pepinillos.
- Uhm, huele bien. Ponme un par de perritos completos y una caña.
Las tripas de Enar dieron su aprobación pero la música del lugar no dejó que su expresión llegara a oírse.
- Sí, chicas... para vosotras solitas.
Pasaron diez minutos hasta que el camarero le puso el plato delante. Para entonces ya se había acabado la primera caña y había mediado la segunda. Sabía que no debía beber, pero tenía que reconocer que no recordaba haberse bebido la primera caña. El camarero se la había puesto y la había cogido con la mano, pero el siguiente recuerdo que tenía era el del vaso vacío. Así que, como no se había enterado, tuvo que pedir la segunda. Con esta trató de ser mucho más consciente. No podía beber mucho más. Le esperaban aún más de 200 kilómetros por delante y varias horas de trabajo una vez llegara a Madrid.
El primer mordisco al perrito le supo a gloria. Sus tripas tronaron de felicidad. Parecían niñas abriendo los regalos de Navidad. Podía escucharlas reír y parlotear frases de placer. Estaba deleitándose con ese momento, cuando de pronto, la música cambió. Se volvió lenta y densa. El escenario se llenó de humo, los focos de luz blanca que había en la parte trasera se encendieron y las cortinas se abrieron.
Recortada sobre las luces apareció la silueta oscura de una mujer que se contoneaba cadenciosamente, al ritmo suave de la música. Permaneció un rato al fondo del escenario, deleitándose con la mirada de Enar que luchaba escarbando en el humo para recoger cada detalle de esa imagen.
Enar trató de dar otro bocado al perrito pero no atinó y parte del moflete se manchó con la salsa. Sus tripas se quejaron, pero esta vez ni siquiera las sintió él.
La mujer iba zigzagueando por el escenario. Los focos de delante empezaron a iluminarla desde abajo, mostrando unas botas verdes de tacón de aguja que le cubrían hasta la rodilla. Poco a poco las luces recorrían el cuerpo de la mujer, ajustándose a él, como si de un guante se tratara. Con los muslos y los brazos al aire, el resto del cuerpo quedaba cubierto por un escueto traje verde terriblemente ajustado. Un pequeño triángulo era la base de dos tiras que subían para cubrir los pezones y desaparecer por detrás de la nuca de aquella diosa.
Para ese entonces, y aunque Enar no lo sabía, ya tenía encima de la barra su cuarta cerveza. El perrito había quedado totalmente deshecho entre sus dedos. Las tripas languidecieron... Ya no sentía ni hambre, ni sed, ni responsabilidades. Estaba contemplando el ser más perfecto sobre la faz de la tierra. Seguro.
- ...
El ángel se doblaba, se estiraba, se tiraba al suelo, levantaba sus voluptuosos muslos, los abría lentamente como una flor al amanecer, los cerraba con un rápido movimiento para encogerse y quedarse acurrucada durante un segundo... La música se aceleró el tiempo justo para que la joven se quitara su escueto traje con tres movimientos maestros.
Enar podría haberse olvidado de respirar si hubiera podido. Deseaba que no acabara nunca la música.
- No pares. No pares, preciosa – murmuró casi jadeando.
La joven volvió a levantarse y zarandeando la cadera se plantó en la zona más cercana a él. Se giró dando la espalda al chico y, muy despacio, comenzó a doblarse hacia abajo con las piernas separadas. Su cara quedó enmarcada por la parte de atrás de dos estilizadas corvas y el mejor trasero que había visto jamás. En ese instante, ella abrió los ojos y le miró fijamente.
Le faltaba el aire. Un sudor frío le recorría la frente y las manos le temblaban. Las luces fueron atenuándose, el humo empezó a inundarlo todo y tan lentamente como fue apareciendo, ella fue desapareciendo.
- Bonita, ¿eh? – La voz del camarero le rescató de la muerte cerebral a la que se había entregado tan solo unos instantes atrás - Se llama Liss.
El camarero esperó un rato a que Enar reaccionase. Entonces fue cuando este se dio cuenta del estropicio que tenía entre sus dedos.
- ¡La leche! Puf… ¡ostias!
- La chica viene de Las Tabernas, Almería, el Sur de Europa que dice ella. Una chica simpática donde las haya.
- Sí, muy simpática - Tartamudeó Enar - Simpática, sin lugar a dudas.
El camarero se sonrió y preguntó si le ponía otro perrito. Enar iba a contestarle que sí cuando sintió un ligero toque en la espalda. Un olor a hierba recién cortada pasó por encima del olor a perritos que le rodeaba desde que entró al "bar". Se giró y el aire salió disparado de sus pulmones.
Liss estaba delante de él. Con un batín color esmeralda, con pequeños dibujos de hojas y palitos. Enar no podía articular palabra. Ella entrecerró los ojos y le preguntó sencillamente:
- ¿Me invitas a una copa?
- Claaaaarrrr… sí, sí, claro – le costó arrancar. Bajó la mirada un segundo y se percató de que estaba empalmado - joodeeerrr.
- Je, je, je, suele pasar - Dijo Liss al seguir la mirada de Enar - Venga, bebamos un rato y charlemos.
La chica era realmente agradable. Además de estar buenísima, era una gran conversadora. Hablaron del trabajo de él, de lo dura que era la vida del transportista, del frío que hacía, de lo mal que iba la cosa con la crisis, incluso para los "bares" y, casualidades de la vida, resultó que Enar había pasado unos días en Las Tabernas cuando era pequeño, con sus padres y su hermano.
El tiempo fue pasando y con él cayeron tres cañas más. En algún momento miró el reloj y vio que eran casi las dos y media de la mañana. Algo se activó en su consciencia. No podía permanecer más tiempo allí.
- Jorl, tengo que irme preciosa. Esto es maravilloso pero, de verdad que tengo que irme.
- ¿Y me vas a dejar solita, aquí? – dijo Liss alargando levemente las últimas vocales.
- Ay, preciosa. Ojalá pudiera quedarme pero, si esa fruta no está en dos horas en Mercamadrid, se me va a caer el pelo.
Ella se bajó de la banqueta en la que estaba sentada y se acercó a Enar, echándole los brazos por encima de los hombros.
- De verdad que no puedes quedarte un ratito más... conmigo...
- Uuummhhhh... - el batín se había abierto un poco y se podía vislumbrar parte de uno de esos jugosos pechos que había deseado más que su propia vida tan solo hace unos ¿minutos? ¿horas? ¿segundos? el reloj había dejado de marcar el tiempo para Enar.
- Quédate. Pasemos la noche juntos.
- Nnnnnooo puedo – Enar mantenía una lucha entre el deber y el querer. Tenía que irse. Si no se iba ya, le caería una bronca que posiblemente terminaría en despido. Necesitaba el dinero - De verdad que quiero quedarme, pero no puedo.
Liss se acercó más y le besó enrollando sus brazos alrededor de su cuello. Las manos de él reptaron por el batín hasta esa cintura perfecta y se acurrucaron ahí cual gatitos sobre cojines. Cerró los ojos y, sin saber cómo, cuando los abrió de nuevo estaba en una habitación en la que el color verde predominaba. Estaban pegados, de pie, sin la camisa él y desnuda ella. Ella comenzó a desabrochar su cinturón y su pantalón, y él le tomó la cara entre las manos mientras le susurraba palabras que jamás había dicho a ninguna mujer.
Acercándose a la cama, Liss le ofreció su cálido trasero. Enar ya no recordaba ni el camión, ni la carga, ni los malditos kilómetros hasta Madrid, ni las horas de trabajo que le esperaban tras la descarga... ni el perrito caliente. Solo tenía sentidos para el tesoro que se abría ante él. Se acercó, se bajó un poco el calzoncillo y tomando su pene la penetró. Fue una experiencia sobrenatural. Solo pudo hacer unos pocos movimientos antes de sentir cómo se volcaba dentro de ella. Los ojos se le cerraron instintivamente.
- Oh Dios, Dios, Diooooosssss
Sintió un cálido aliento en su cara. Abrió los ojos y Liss había girado la cabeza 180 grados. Le estaba mirando. Se acercó a Enar y le dio un beso. Sintió que una lengua tubular llegaba hasta su garganta y un jarro de viscosa saliva se vació por su gaznate. Ella se separó y su boca esbozó un inicio de sonrisa que terminó siendo una grieta que le abarcaba, literalmente, de una oreja a la otra.
Enar fue recobrando el sentido común poco a poco. Esto no era normal. ¿Sería el alcohol mezclado con el cóctel de hormonas que le emborrachaba en ese instante? ¿veía visiones? Agitó la cabeza de un lado a otro durante un rato y se percató de que seguía unido a Liss.
Le entró verdadero pánico cuando comprobó que estaba atascado. ¡Atascado! No podía salir. Forcejeó de un lado a otro durante un rato. La boca de ella comenzó a abrirse. Era una imagen dantesca. Unos afilados dientes de casi un palmo empezaron a asomar en la más tétrica de las sonrisas.
- Eh Liss, venga chica. Je... no me hagas esto guapa. Venga, vamos... tranquila... relájate y déjame salir.
Los brazos se le quedaron rígidos, colgando a los lados del cuerpo. Le volvía a faltar el aire pero esta vez no sentía las mariposas en el estómago de hacía un rato, sino más bien un culo de oso sentado sobre su pecho. Estaba paralizado. Solo era capaz de mover los ojos de un lado a otro.
- Ggggrrrrr a veces me llaman Mantis... Mantis Religiosa - una baba flemosa amarillenta cayó sobre el vientre de él, al escaparse de entre esas rejas dentales – y me encantan los chicos buenos como tú.
Los párpados superiores se fundieron a los inferiores y los globos oculares empezaron a crecer y redondearse. Un tono verdoso empezó a cubrir la piel de ¿la chica? y el pelo se cayó como si de una peluca se tratara. De la hermosa cintura de Liss salieron dos asquerosas patas delgadas, propias de un insecto.
- Gggrrrr después de hacer el amor siempre me entra muchísima hambre- Un gesto divertido se dibujó en la poca humana cara de ella.
Abrió la boca más de medio metro, desencajando la mandíbula y, mostrando lo que a él le pareció una cueva llena de estalactitas y estalagmitas chorreantes de asquerosa baba, se abalanzó sobre la cabeza de Enar.
Para Liss fue un placer degustarle. Una delicatesen. Al acabar, se relamió, chupeteó sus finas patas, limpió dos antenitas que habían surgido en su cabeza y eructó.
-       Uhi... perdón.


Unos días más tarde, la policía encontró el camión de Enar en otra área de descanso, a más de 100 kilómetros de El Torreznillo, con un cuerpo sin cabeza al volante.


martes, 15 de enero de 2013

EL DÍA QUE PETER PAN REGRESÓ

EL DÍA QUE PETER PAN REGRESÓ
Macabea

A Wendy le extrañó ver la sombra de Peter Pan en su habitación. Hacía años que no sabía nada de él. De hecho, desde aquel viaje que hicieron al País de Nunca Jamás, no se habían vuelto a ver. Él le dijo que se quedara a vivir en el Árbol del Ahorcado, pero ella había elegido volver al mundo de los adultos. El tiempo había pasado y había crecido. Ya era una mujer hecha y derecha.
- Peter Pan –Suspiró Wendy. Siempre le amó, y cada noche su último pensamiento era para él. Nunca perdió la esperanza de volver a verle. Quizás por eso no dejó de contar cuentos, y había elegido como trabajo precisamente ese, inventar cuentos y escribirlos.
Por eso, cuando ese día vio su sobra por la habitación, el corazón le dio un vuelco. ¡La sobra de Peter Pan estaba en su cuarto! Se quedó sin aire en los pulmones, le trotó el corazón hasta casi salírsele por el gaznate. ¿Le vería? ¿Vendría a buscarla?
Cazó su sombra y la guardó en un cajón, como hizo cuando era niña. Estuvo esperando con la ventana abierta durante horas hasta que, por fin, vio una figura recortada contra la Luna.
Era Peter. El estómago se llenó de lagartijas caminando alocadamente de un lado para otro. No quería moverse, no quería respirar ni pestañear, por si era un sueño y cualquier alteración del espacio-tiempo hacía que reventará como una pompa de jabón. Solo quería contemplarle. Que el reloj se parara para siempre.
La figura fue acercándose a la ventana despacio. No era un vuelo regular. Iba y venía de un lado para otro. Nerviosa. Casi parecía un moscardón que fuera libando de flor en flor. De pronto desapareció y apareció delante de ella. A un palmo, solo a un palmo. Aspiró ese aroma de hierbas aromáticas que siempre envolvía a Peter.
- Hola Wendy.
- Hola.
- ¿Has visto mi sombra, Wendy?
- Hola Peter – Wendy quería preguntarle un millón de cosas. Quería abrazarlo, besarlo y sentirle cerca, pero su boca y su cuerpo se negaron a hacer todas estas cosas – Sí, la he visto. La cacé y la tengo en un cajón encerrada. Se te ha escapado.
- Sí.
Wendy fue hacia el cajón y cogió la sombra de Peter. Cuando se dio la vuelta, Peter había entrado en la habitación. Estaba cerca de la ventana con las manos en la cintura y las piernas levemente abiertas. No lo recordaba tan alto. No lo recordaba tan, tan,... tan hombre.
- Peter, estás distinto. - Dijo Wendy desconcertada con el ceño un tanto fruncido.
- Tú también has cambiado, Wendy.
Sí, ella también había cambiado. No solo por fuera, sino por dentro. Había intentado atarse a la infancia con todas sus fuerzas, pero llegó un momento en el que la vida le forzó a crecer.
- Aquí tienes tu sombra. ¿Quieres que te la cosa?
Peter la miró con cara de curiosidad. Sus ojos relampaguearon. Su expresión cambió. Ya no era la de un niño. Sus ojos se entrecerraron. Una sonrisilla ladeada apareció en una de las comisuras de su boca mientras daba un par de pasos.
-   Ya no somos lo que éramos. – dijo Peter.
-   Peter, me estás asustando. ¿Qué te pasa?
Peter ya no andaba dando pequeños trotes como Wendy recordaba. Ahora parecía más bien un leopardo acercándose a una gacela. Era un caminar lento, elegante, silencioso.
- Peter, aquí tienes tu sombra. No me mires así. Para. No te acerques más, por favor. - Wendy se estaba poniendo muy nerviosa. El pánico empezaba a adueñarse de ella. - ¡Peter, he dicho que pares! - Chilló.
- ¿Qué pasa, mamá Wendy? ¿Ya no quieres a tu hijito?
La voz de Peter había cambiado totalmente. No solo el tono, sino también el contenido de sus palabras. Ese tono irónico le daba un aspecto terrorífico.
Cuando Peter estaba solo a un par de metros de Wendy, se abalanzó sobre ella. Fue un movimiento rápido y veloz. Del impulso, ambos cayeron al suelo, ella tumbada debajo y él sentado encima. Peter comenzó a acariciar su rostro y el pelo, despacio, mirándola con unos ojos conquistados por las pupilas.
- Pobre Wendy, pobre Wendy. Abandonó a su Peter y creció.
Wendy temblaba. Lo que en un principio parecía un sueño se había convertido en pesadilla. Intentó quitarse a Peter de encima, pero parecía que pesara una tonelada.
Peter acercó su mejilla a la de Wendy, mientras apoyaba una mano en su tripa. Sintió el calor de su piel sobre su cara. Wendy había soñado con aquello miles de veces. Esa sensación la había imaginado muchas noches, abrazada a la almohada. Un susurro llegó hasta su oído.
- Llevo mucho tiempo deseando esto.- Dijo Peter.
Wendy sintió un dolor terrible en el estómago. Miró a Peter con lágrimas en los ojos y la boca compungida. Quería decirle a Peter que parara, que le estaba haciendo daño. Quería preguntarle qué le había pasado... Quería decirle que ella podía ayudarle, que nunca le había abandonado. Pero, lo único que salió por su boca fue un borbotón de sangre. Peter le dio un beso largo y profundo, lamió la sangre que salía de su boca y luego alzó la mano que hace un rato tenía apoyada en su estómago. Estaba llena de sangre y las tripas de Wendy colgaban entre sus dedos. Se las llevó a la boca y las devoró tranquilamente, bocado a bocado, como si fuera la mayor de las delicatessen.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Dentro de poco, se sirve la cena

DENTRO DE POCO, SE SIRVE LA CENA
Macabea

 
47, 48, 49
No puede ser. No me puede estar pasando esto. Seguro que me he quedado dormido y no es más que una horrible pesadilla.
53, 54, 55
Me falta el aire. ¡Dios!, este baño es demasiado pequeño. ¡Qué calor! ¡y qué peste!. Esto es asqueroso.
80, 89, 90
− ¡Cállate ya! ¡No existes! ¡Desaparece!
Por mucho que me tape los oídos, sigo escuchándole. ¡Para! ¡Para! ¡Para!. No existes. Esto no está pasando.
Es un sueño. Me he dormido en el autobús al salir del restaurante. Seguro.
Puf, no recuerdo haber salido del restaurante. ¿Y si me ha dado una embolia o algo y estoy en un mundo paralelo? Lo mismo estoy muerto…
123, 124, 125
Hace unas horas estaba tomándome un café. De pronto, se oyó una algarabía en la calle. Desde mi sitio se podía ver, a través de una gran cristalera, la puerta de la entrada. El chico que me recibió al llegar al restaurante se asomaba a ella. A los pocos minutos, se metió precipitadamente dentro, con la cara desencajada. Como un autómata esquizofrénico, cogió el perchero, la pequeña mesita del recibidor, el sillón Luis XVI y lo fue apilando todo en la puerta. El metre  intentó detenerle y solo obtuvo varios empellones e insultos. Empezaron a oírse choques de coche, pitidos, gritos… a estas alturas, la mitad de los clientes estábamos pegados a las cristaleras sin dar crédito a lo que veían nuestros ojos.
Este ruido es insoportable: rítmico, demasiado claro en medio del resto del silencio…
165, 166, 167
En la calle, un autobús de la EMT se había empotrado contra el escaparate de la tienda de enfrente. El coche que venía detrás no pudo frenar a tiempo y se estampó contra él, dejando aplastado a su único ocupante. Detrás de este accidente había otros tantos. Una anciana había sido atropellada en la acera y solo se veía de ella unos hinchados pies y las pantorrillas por debajo del maletero de una furgoneta; una mujer pedía auxilio por la ventanilla de su coche, aprisionada por el airbag, viendo cómo el fuego se le acercaba cada vez más desde la parte trasera; un hombre sentado en el suelo, apoyado contra una farola, lloraba desesperado mientras sujetaba a su mujer cubierta de sangre y gritaba “Sin ella no”,…
Y mientras, desde la quietud y el silencio del restaurante, diez pares de ojos mirábamos de un lado a otro, soltando suspiros de horror, buscando la causa del caos.
212, 213, 214
En la calle se había retorcido tanto la realidad que aquello no podía estar sucediendo.
De pronto, un ser chocó contra el cristal.
220, 221, 222
Su cara se apretujó contra nuestro escudo cristalino. Lo chupó. Lo lamió. Dejó una densa saliva, y se quedó mirándonos, deseándonos. Tras él vinieron otros muchos. En pocos minutos, la cristalera se había vuelto opaca de tantos cuerpos pegados a ella. Por supuesto, para entonces, estábamos en la punta opuesta del restaurante.
250, 251, 252
¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!… ¡maldita sea!
− ¡CABRÓN! ¡Déjame en paz! ¡Vete!
Le chillo, le insulto. Golpeo la puerta con el puño más fuerte que él. No siento el dolor, solo la rabia y la ira que me invaden poco a poco.
278, 279, 280

− ¡HIJO DE PUTA! ¡Vete a la mierda! ¡Lárgate!
360, 361, 362
Han pasado ya varias horas.
− Hablemos. Esto no tiene sentido ni para ti, ni para mí. Mira, vete a la calle. Allí tienes más opciones. Yo solo soy uno. Llevo el abrigo puesto. Vas a comer más plumas que na.
372, 373, 374
Algunos nos subimos en las mesas del restaurante para ver por encima de la muralla de cuerpos que forraba la parte de fuera de la cristalera. Las piernas de la anciana ya no se veían. En su lugar, había un reguero de sangre que salía de debajo de la furgoneta dibujando un camino que serpenteaba durante un par de metros. Terminaba en tres seres acomodados en el suelo, algo encorvados. Parecía que estaban comiendo… ¿comiendo? Me pregunté. ¿Comiendo qué? Uno se giró y… allí estaban los zapatitos de la anciana. Mugrientos, sucios por la sangre, entre… ¿trozos de carne y huesos?
Las arcadas llenaron mi cuerpo de espasmos. Como pude, me bajé de la mesa y salí disparado hacia el cuarto de baño.
Vomité durante lo que me parecieron horas. Se me aflojaron las piernas y el esfínter. Caí al suelo agarrado a la taza del water.
388, 389, 390
− Venga hombre, si yo no te voy a gustar. Mira, me dejas salir de aquí y te llevo a un supermercado que hay cerca y donde seguro que encuentras algo que te gustará mucho más que yo.
407, 408, 409
Estaba irónicamente recreándome en mis sudores fríos y en lo que había visto, cuando oí que la puerta del servicio se abría. Giré la cabeza y, entonces, fue cuando vi al ser. Una sobredosis de adrenalina me ayudó a cerrar la puerta del retrete.
Aquí estoy. Ahí fuera está él. Golpeando la puerta desde hace horas.
423, 424, 425
No puedo más con esto. No tengo ganas de seguir.
− ¿Por qué no paras ya? ¡Por favor! ¡Por favor!…   − oigo mi voz suplicando… no es más que un hilillo.
Las lágrimas comienzan a caer por mi cara. Despacio, lenta y silenciosamente. Es culpa mía. Tenía que haber ido a clase. Pero no, tenía que mentir a mis padres, tenía que mentirme a mí mismo, dándome absurdas esperanzas. Tomarme un café, dejar pasar diez o quince minutos y salir a la calle a coger el autobús. Ella siempre coge el de las cuatro. Perdería una clase, pero quizás coincidiera con ella. Quizás nos sentaríamos juntos, quizás la invitara al cine, quizás me dijera que sí,… ¡qué mierda! ¡Pero si en lo que llevamos de año hemos coincidido solo dos veces! No sabe ni que existo. ¡Maldita esperanza! ¡Qué sin sentido! Y ahora, estoy aquí, encerrado, con este soniquete. Sin poder salir. Con las mangas llenas de vómito, mocos y lágrimas y los pantalones a rebosar de mierda…
577, 578, 579
¡No para! ¡No parece cansarse! ¿Cuántos golpes soportará?
Estoy cansado, muy cansado. Es el final. Mejor acabar cuanto antes. Se me han acabado las lágrimas.
Ya no tengo miedo.
Todo tiene un final. Una vez leí que la muerte es solo un cambio de estado. Los cambios siempre me han dado miedo. Pero, esta vez, es la única salida. Quizás vuelva por aquí, en otro tiempo, en otro estado, en otra vida. Quizás me vuelva a encontrar con ella y, esta vez sí, esta vez la llevaré al cine y cenaremos en un restaurante con unas copas de vino blanco.
713, 714, 715
Contaré hasta tres y abriré la puerta.
   − Prepárate precioso. Dentro de poco, se sirve la cena.
718    
   − Uno
719
   − Dos
720
   − Tres